Casas coloniales, con sus pórticos de columnas coronadas por corintios capiteles, que se alzan orgullosas, calladas, paradas en un tiempo, como esperando mi llegada…

Y son sus plazas sombreadas por viejos árboles que sus copas al cielo levantan, que parecieran invitar a sentarte unos instantes entre ellos y reposar tu cabeza en el respaldo de sus bancos, bajo sus hojas que del sol te resguardan.

Esa es mi capital, La Habana centenaria por el mar bañada, de contrastes de color en el viento y belleza guardada entre sus piedras gastadas, adoquines que, quizás en otros tiempos, de mis pasos supieron y en estos, curiosa y expectante, contemplo en mi paso por sus calles y murallas… Infinita espera de saber el por qué de estos sentimientos que se perfilan en mi alma.

Y entre tus calles paseo, con esa nostalgia de un ayer lejano en el tiempo que presiento… brumas que esconden sentimientos de amores y encuentros tras las rejas que adornan ventanas… y casi puedo percibir la fragancia de esa flor que con un gesto galante, a escondidas, me ofreciste… aromas de un amor imposible cobijado bajo el manto de noches cuajadas de estrellas… complicidad de amantes bajo la noche habanera.

Hay en mi corazón el deseo de cerrar los ojos y dejar que fluyan del sentir los recuerdos y despertar muy atrás… más allá del tiempo, como si con mis manos pudiera atrasar el reloj y atrapar aquellos momentos… para no dejarte ir hacia ese mar adentro que un día nos separó y no nos pudo unir de nuevo…

Y es mi sentir un lamento, por no tener los recuerdos que mi alma en su dolor guardó en silencio… y hoy no poder llegar hasta ellos… tan sólo saber que están ahí y que quizás un día, en el telar de mis sueños pueda volver a tejer ese encaje, entretelas de puntillas blancas como la espuma de su mar y sentir el embrujo y saborear de nuevo aquellas noches de magia de nuestros encuentros…
Amalia Marín Muñoz dedicado a los 500 aniversario de La Habana