«Ser sincero es para mí una divisa»
«Ser sincero es para mí una divisa»

Eduardo Heras León, autor al que se dedica la 28 edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana, sabe de honestidades y noblezas. Y sabe también, porque lo ha probado, de los resortes espirituales de que son capaces la obra ajena y la propia, sobre todo cuando esta actúa como malla salvadora que impide la caída rotunda en el vacío: «La literatura fue siempre compañera fiel en los peores momentos, y me ayudó a mantenerme leal a los principios que siempre rigieron mi vida».

Así lo dejaba dicho este autor, querido y respetado por legiones de escritores y lectores, en sus palabras de agradecimiento al recibir el Premio Nacional de Literatura en 2014, celebración que acogió con beneplácito la misma Feria que hoy reverencia su vida  y su faena literaria y humanista.

Nacido en La Habana en 1940, el niño que limpiaba zapatos junto a sus hermanos para colaborar con la economía de la casa donde un padre enfermo yacía casi inmóvil, halló en la controversia de las décimas improvisadas  –escuchadas por la radio en compañía familiar– el hilo de Ariadna que lo conduciría a amar las bellas letras en un desposorio indisoluble que ha dado muchos frutos. Empezaría por los versos este encumbrado narrador, maestro de generaciones literarias, que escribía en las noches desoladas, como si supiera desde la inocencia de aquellos años que la poesía puede conducirnos a todas partes.

El dulce contagio anidó, se agitaron los sueños y con ellos la promesa de convertirse un día en escritor para «publicar los libros que tú no pudiste publicar nunca, viejo, para que estés siempre orgulloso de mí». Hoy, después del bregar de una vida con más luces que sombras –a juzgar por la capacidad propia de trocar en virtud y fortaleza la vicisitud oportunista;  y de crecer,  como  reza la máxima martiana «bajo la yerba» y también sobre ella–a la ofrenda hace mucho cumplida se le hace esta fiesta.

No es fácil hallar, ni siquiera entre los libros de uso que se comercializan, los publicados por el Chino Heras, como también se le conoce al escritor. Nadie suelta así como así un libro firmado por él, de esos que ahora se reeditan para beneplácito del público lector y de la cultura cubana. El hecho habla por sí solo. Importa, y mucho, lo que tiene que decir a los otros, siempre  desde una sinceridad vertiginosa que ha  vertebrado todo lo que ha escrito.«Si no hubiera sido así, si la sinceridad no hubiera estado siempre presente en mi obra, alimentándola, ¿crees que quedaría alguna huella de esa obra en la historia literaria de mi país?».

Aunque sabe que en el mundo hay de todo, a Heras le cuesta aceptar que se pueda ser escritor de espaldas a la franqueza. «Tal vez los haya. En mi caso no es así. Siempre seguí a Martí cuando decía que para ser original había que ser sincero. Y esa es para mí una divisa. Por supuesto que a veces, ser sincero es “ejercicio de brava disciplina” como decía Villena, y ese ejercicio cuesta sudor y también lágrimas».

Para este hombre, amante de la música y el piano, que marca sus oficios poniendo en primer lugar el de maestro, seguido de  escritor y después periodista, existe una forma de ejercitar a diario el encuentro con la palabra oportuna, válido para sus tres profesiones. «Leyendo y escribiendo», dice, «lo demás es trabajo con las palabras».

Unido a la proeza de fundar en pleno Período especial el programa televisivo Universidad para todos, con el curso de Técnicas narrativas –seguido del de Teoría literaria, en los que también participaron figuras como Francisco López Sacha y Rogelio Rodríguez Coronel, entre otros autores– Heras León es también mentor del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, una institución cultural especializada en la formación de escritores noveles, que en sus 20 años de ininterrumpido funcionamiento ha permitido fraguar su postura incondicional de pedagogo.

«Los libros que dejamos de escribir son los libros que escriben ellos», suele decir de los egresados del Centro Onelio, los cuales, y en su opinión, si no llegaron a ser escritores, hoy son editores, asesores, promotores, y sobre todo, mejores seres humanos.

Visiblemente animado habla de los libros suyos que estando agotados hace muchos años, volverán a ver la luz en este febrero que reverencia su literatura:  «Aparecerán tres nuevos libros, aunque no de ficción: uno es El libro de los elogios, que es una selección de textos dedicados a homenajear a autores cubanos y algunos extranjeros; el segundo es El libro de las presentaciones, una selección de presentaciones de libros que he realizado en más de 40 años, y un tercer libro, que es una selección de entrevistas que me han realizado tanto en Cuba como en el extranjero. Además habrá varias reediciones de La guerra tuvo seis nombres,Los pasos en la hierba, los Cuentos completos, Desde la platea, Dolce vita.

Aunque no desdeñaba la idea de que en algún momento la Feria del Libro pudiera honrarlo, lo cierto es que no estaba esperando la noticia. Al saberlo, un repentino pensamiento lo condujo a su padre, el que se llevó consigo aquella promesa que el muchacho de 12 años le hiciera, conmovido por el adiós absoluto que pronto habría de suceder.

Hoy que en cada una de las jornadas que integran la Feria se habla para bien de Eduardo Heras León, su padre, desde donde esté, sonríe feliz y orgulloso de aquel niño suyo que soñó con las letras, el mismo al que la más grande de las fiestas literarias en Cuba lo distingue y ovaciona, como lo merece.

Por: Madeleine Sautié Rodríguez