La Giraldilla de La Habana, una leyenda de amor
La Giraldilla de La Habana, una leyenda de amor
La Giraldilla de La Habana, una leyenda de amor
La Giraldilla de La Habana, una leyenda de amor

Lo que el amor puede, el amor lo hace, incluso trascender el denso velo del tiempo. Abandonar las humanas carnes y ser más que sólido metal, ser un símbolo de una cosmopolita ciudad, corona de una dama cerca de los quinientos años de edad. Así es ella, la Giraldilla de la Habana, aguardando aún… expectante. Nicho del espíritu de Doña Isabel de Bobadilla e insignia de su amor y su voluntad.

Para quien desconoce su historia es sólo una veleta de bronce con forma de mujer, pero más allá de su génesis legendaria, se inscribe en la historia de nuestro país por ser la primera estatua forjada en Cuba y el primer instrumento meteorológico permanente. Se realizó por encargo del Capitán General de la Isla de Cuba: el Almirante de Galeones Juan de Bitrián y Viamonte y Navarra, el cual gobernó la isla en los primeros años de la década del ’30 del siglo XVII. La intención del gobernante era que la estatua emulara la Giralda de Sevilla, famosa en su patria. El artífice fue Gerónimo Martín Pinzón, canario de nacimiento y fundidor de oficio. El artista forjó un cuerpo de mujer airosa que en su mano derecha porta una rama de palma descansada sobre el propio brazo y en la otra mano sostiene una asta coronada por la Cruz de Calatrava, símbolo de la orden religiosa y militar a la que pertenecía el Capitán General. Fue llamada por los habaneros de entonces ¨La Bella Habana¨. Se concluyó en 1632 y fue colocada en lo más alto del Castillo de la Real Fuerza, allí orientaba a los marineros sobre la dirección de los vientos.

Cuentan que, a oídos de Gerónimo, el fundidor de metales convertido en artista, llegó la historia de Isabel de Bobadilla. La primera y única dama que ha regido sobre el destino de la isla. Sin embargo, el hecho que inspiró al artista, no fue el poder de la fémina, sino el profundo amor y la fidelidad de la cónyuge por su esposo, Hernando de Soto, Capitán General por orden real y de los primeros en preocuparse por la fortificación de la otrora villa.

En el mes de mayo del año 1539, parte el honorable caballero a la conquista de la Florida en compañía de novecientos hombres y deja el peso de gobernar sobre su compañera de vida. En el norte, conquista la Florida, descubre el río Mississippi y tras la fuente de la eterna juventud pierde la vida debido a una fiebre extraña.

Cada día a partir del 12 de marzo de 1540, fecha de la terminación de la fortaleza, Doña Isabel ascendía a la atalaya, buscando el barco que le traería a su amado esposo o noticias de él. A pesar de la distancia y la incertidumbre, la dama se valió de todo su prestigio, inteligencia y discreción, para ser una excelente gobernadora.

Hoy la estatua, inspirada en la historia de amor, se encuentra en la estrada del Castillo de la Fuerza, invitando al viajero a conocer los tesoros de la fortaleza y su leyenda personal. En la cima, se encuentra una réplica. No deje de conocer la estatua… acérquese a su leyenda y de paso, vea con sus propios ojos los tesoros que cobija la Fuerza.

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