Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente
Palacio de los Capitanes Generales, un palacio viviente

Altivo, ancho en su dominio, erguido como ayer, el Palacio de los Capitanes Generales, fue, es y será uno de los más espectaculares exponentes del arte colonial en la Habana. Depositario de la gloria del imperio español, símbolo de su poder y cultura. Sus pasillos y salones cobijan historias de amores, engaños y autoridad. Se escogió para su construcción terrenos de la cristiandad, pues se encuentra en el mismo sitio que la antigua Parroquial Mayor, cuyos restos son todavía evidentes. La idea fue aprobada por el cabildo de 1772 y se concibió como sede de las Casas Capitulares, cárcel y hogar de los Capitanes generales. Los trabajos comenzaron en 1776 y se inauguró 15 años después, a pesar de que las obras concluyeron totalmente en 1834.

El inmueble se debate entre un estilo barroco y neoclásico que inunda al visitante desde las columnas frontales. Luego una imponente portada de mármol sostenida por dos majestuosas columnas siamesas, da paso a un pequeño recibidor, que a su vez precede al amplio patio interior. En este patio se encuentra una estatua del gran navegante Cristóbal Colón y desde allí se pueden admirar las columnas y arcos interiores de ambas plantas, así como una abundante vegetación tropical que incluye Palmas Reales.

La edificación en la actualidad funciona como museo y es probablemente el más deslumbrante de todos debido a la variedad de las exposiciones. En la planta baja se encuentra una sala dedicada a varios momentos de la historia del antiguo cuerpo de bomberos de la ciudad, donde se exponen los artefactos utilizados en su humano y peligroso oficio. Otra de las salas está dedicada al arte sacro y muestra una pincelada de la indumentaria religiosa pretérita, cohabitando el mismo espacio se encuentran algunas tumbas como testigos de la antigua Parroquial.

La segunda planta es quizás la más ostentosa, en esta se hallan los antiguos salones de fiestas con muestras de vajilla, arte y artesanía de la época. Uno de sus objetos más curiosos es el trono destinado al Rey de España, el cual nunca fue usado. Sin embargo, la exposición más significativa es la sala de las banderas, guardiana fiel de la primera enseña nacional y de otras muy longevas. En esta exposición se siente el germen de la cubanía de entonces, las ansias de ser de una nación. Este salón colorido es la antesala de otro espacio importante, la exposición de objetos personales de las tres figuras más importantes del siglo XIX cubano: Máximo Gómez, Antonio Maceo y José Martí. Allí se exhiben ropas, calzado, armas y los originales de famosos cuadros cubanos dedicados a las gestas independentistas. Entre estos objetos destaca por su tamaño e importancia una réplica del bote utilizado por Martí y Gómez cuando desembarcaron en Cuba durante la Guerra de 1895.

Le invitamos a visitar este museo para que conozca la historia que guarda y se maraville con el arte que adorna sus paredes y el exquisito labrado de sus columnas. Sea partícipe de un viaje al pasado y vívalo hoy como lo fue entonces.

Textos y fotos: Bienvenidos