Palacios de La Habana
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Los palacios de La Habana son uno de los mayores legados culturales que el Imperio español dejó en Cuba y con toda certeza podemos ubicarlos entre las joyas arquitectónicas de la capital. A punto de cumplir 500 años de fundada, la ciudad muestra un rostro rejuvenecido. Los palacios centenarios mantienen sus puertas abiertas a los que esperan ser sorprendidos por sus maravillas y secretos.

El Palacio de los Capitanes Generales es el edificio más perfecto del arte colonial en La Habana. Estandarte de la gloria del Imperio español, símbolo de su poder y cultura. En la actualidad es un arca donde se conservan objetos de suma importancia histórica para la Isla.

El Palacio del Segundo Cabo fue la morada del segundo al mando de la isla y más tarde Casa Real de Correo. El alto puntal y el jardín interior andaluz son elementos suficientes para refrescar el edificio. Hoy es un museo interactivo, construido para divulgar la historia de las relaciones entre Cuba y la Unión europea.

La Casa del Conde Lombillo se encuentra cobijada por la sombra de la Catedral de la Habana. Su construcción típicamente colonial con balcones limeños y sus colores incrementan el atractivo del conjunto arquitectónico de la Plaza de la Catedral. En la actualidad, es la sede de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

La casa del Marqués de Arcos conserva toda su majestuosidad aun después de dos siglos y medio de su construcción. Fue sede del Liceo Artístico Literario de esta capital por lo que, en su amplio patio interior, se reunieron muchas veces las figuras más importantes de la intelectualidad habanera. En el presente, es uno de los inmuebles de visita obligatoria para todos aquellos que desean conocer más de la arquitectura colonial cubana.

En la esquina de las calles San Ignacio y Empedrado, en la Plaza de la Catedral, se encuentra la Casa del Marqués de Aguas Clara. El portal de este magnífico palacio, único en su estilo, fue adaptado para su funcionamiento como restaurante.

La Casa del Conde de Casa Bayona es el actual Museo de Arte Colonial.  Ubicada justo al frente de la catedral, posee una de las fachadas más elegantes y sencillas de toda la plaza. Lo más impresionante, sin embargo, son sus elaborados techos y la colección de arte colonial que allí se expone.

En la esquina de Cuba y Chacón encontramos el Palacio O’Farrill, situado muy cerca de la entrada de la bahía. Su nombre se inspira en la acaudalada familia de origen holandés que asumió la construcción del edificio neoclásico. Una soberbia puerta de caoba y bronce dan paso a un suntuoso hotel, decorado al estilo del siglo XVIII cubano.

El Palacio de los Matrimonios de Prado, antiguo casino español, se encuentra ubicado en la calle que le da nombre. Es famoso, tanto por el esplendoroso decorado original que ha permanecido intacto por más de un siglo, como por ser el lugar preferido de las parejas habaneras para contraer nupcias.

Frente al antiguo Campo de Marte, hoy parque de la Fraternidad, está el palacio de Domingo Aldama, probado patriota habanero. El edificio es exponente del neoclásico en la urbe y fue construido de forma tal que pudiera recibir más de cien invitados durante los banquetes. Aunque parece una sola edificación, fue en realidad dos hogares: el de Don Aldama y el de su hija Rosa.

El Museo Napoleónico se encuentra entre las instituciones más importantes del mundo especializadas en arte imperio. Situado en la esquina de las calles San Miguel y Ronda en Centro Habana, alberga el fruto de la afición de Julio Lobo, un importante hacendado cubano, por la figura del emperador Napoleón Bonaparte. Sin embargo, el inmueble fue originalmente propiedad del acaudalado político ítalo cubano, Orestes Ferrara.

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