ICAIC: 60 años de arte y cine cubano
ICAIC: 60 años de arte y cine cubano
ICAIC: 60 años de arte y cine cubano
ICAIC: 60 años de arte y cine cubano
ICAIC: 60 años de arte y cine cubano
ICAIC: 60 años de arte y cine cubano
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ICAIC: 60 años de arte y cine cubano
ICAIC: 60 años de arte y cine cubano

Fundado el 24 de marzo de 1959, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) fue el primer organismo cultural creado por el gobierno revolucionario a través de la Ley no. 169, cuyos dos primeros Por Cuanto, aseguran que “El cine es un arte”, y que “el cine constituye, por virtud de sus características, un instrumento de opinión y formación de la conciencia individual y colectiva”.

Presidido por Alfredo Guevara, el Instituto consiguió incrementar la producción cinematográfica, y aunque sólo dos de las ocho películas de ficción realizadas entre 1961 y 1963 fueron dirigidas totalmente por cubanos, a la vuelta de un lustro se generaron los mejores filmes cubanos de todos los tiempos, los más osados, profundos y abarcadores: La muerte de un burócrata (1966) y Memorias del subdesarrollo (1968), ambas dirigidas por Tomás Gutiérrez Alea; Lucía (1968) de Humberto Solás, La primera carga al machete (1968) de Manuel Octavio Gómez y Aventuras de Juan QuinQuin (1968) dirigida por Julio García Espinosa. Además de tales logros, funcionaba con prestigio mundial, la escuela documental cubana (Santiago Álvarez, Octavio Cortázar, Oscar Valdés y Nicolás Guillén Landrián), y el Instituto se transformó en epicentro de un movimiento cultural que abarcaba otras manifestaciones artísticas como la plástica (a través de los prestigiosos carteles) y la música, mediante el Grupo de Experimentación Sonora.

En la siguiente década, abundan los filmes históricos (El otro Francisco, La última cena) mientras que ciertos recursos del documental se apoderan de la ficción en El hombre de Maisinicú (1973, Manuel Pérez), De cierta manera (1974, Sara Gómez) o Retrato de Teresa (1979, Pastor Vega). Hacia el final de esta década, el cine cubano disfruta cierto relajamiento con películas históricas de fuerte regusto popular: El brigadista y Guardafronteras (1977 y 1980, Octavio Cortázar), Los sobrevivientes (1978, Tomás Gutiérrez Alea) y Elpidio Valdés (1979, Juan Padrón, largometraje de animación).

Los primeros años ochenta sorprenden al ICAIC con un promedio de tres largos de ficción anuales, baja cifra de producción motivada, entre otras razones, por la muy prolongada y costosa realización de Cecilia (1981-1982). Hubo entonces un cambio de dirección y de estrategia temática y productiva. Se consiguió dinamizar la producción y se reactivó el contacto con el público masivo, sobre todo mediante una serie de comedias costumbristas y contemporáneas como Se permuta y Plaff, de Juan Carlos Tabío, sin renunciar a la existencia de filmes cuestionadores y reflexivos (Papeles secundarios, Hasta cierto punto) o históricos (Un hombre de éxito, Clandestinos) El documental conoció un verdadero momento de esplendor mediante las obras de Marisol Trujillo, Enrique Colina, Oscar Valdés y el siempre vigente Santiago Álvarez.

En la década final del siglo XX, con la desaparición del campo socialista en Europa del Este, aumentó la precariedad tecnológica y hubo una crisis de financiación apenas solventada con las coproducciones. En esa época, se contrajo al mínimo la exhibición de filmes en soporte de celuloide, mientras continuó deteriorándose la red exhibidora. Los años noventa, y posteriores, están marcados por la influencia de Fresa y Chocolate, y por la consolidación autoral de Fernando Pérez (Madagascar, La vida es silbar, Suite Habana). También pugnaba por reafirmarse una nueva generación de cineastas (Juan Carlos Cremata, Jorge Luis Sánchez, Pavel Giroud) ante el reto que planteaban las nuevas tecnologías y la agobiante falta de recursos, mientras aparece el relevo en los  talentosos egresados de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisuales (FAMCA) y de la Escuela Internacional de Cine y TV, de San Antonio de los Baños. Debe mencionarse a Carlos Quintela, Marcel Beltrán, Carlos Lechuga, Patricia Ramos y Jessica Rodríguez, entre otros. A la altura de su sesenta aniversario, el ICAIC naturaliza sus relaciones con la producción independiente, mientras le da continuación al proyecto cultural que concibieron los fundadores del ICAIC. Muy pocos podrán discutir las palabras de Alfredo Guevara en ocasión del acto de recibimiento del Premio Nacional de Cine, cuando decía que “el cine cubano tenía que ser, y así le concebimos, y materializaron los realizadores, un nuevo camino, lenguaje, expresión de cultura, de identidad espiritual de la imagen más honda de la cultura cubana”.

Textos: Joel del Río / Fotos: Cortesía ICAIC