Muchos de los países cuyas economías descansan en el turismo o complementan sus ingresos en moneda libremente convertible con las operaciones de este sector, se encuentran en estos momentos reevaluando sus estrategias de comercialización, una vez que la pandemia de la COVID-19 marcará un cambio radical en la vida del planeta en general y especialmente en la industria sin chimeneas.

Algunos estudiosos llevan la mirada a anteriores crisis internacionales que han dañado considerablemente a la industria turística en el pasado, a saber, los cuatro atentados terroristas a las Torres Gemelas de Nueva York en el 2001, el SARS en el 2003, y la crisis económica del 2009.

En todos estos casos se redujo ostensiblemente el número de viajeros, cayeron las tarifas promedio y aumentaron los costos de operaciones porque al reiniciar la comercialización, las empresas tuvieron que realizar inversiones para atenuar el temor de los viajeros y hacerlos sentir confiados.

La buena experiencia es que a pesar de estos pesares las operaciones turísticas y sus ganancias lograron restablecerse y alcanzar el estado normal.

Las empresas turísticas deberán observar cuáles son los pronósticos de tiempo de interrupción de la industria y cómo será su curva de recuperación, para lo cual atenderán, de sus mercados prioritarios y potenciales, tiempo de implementación de las medidas de aislamiento social, y sus posibles prórrogas; situación sanitaria;   apertura de las fronteras y los vuelos; propensión a la recuperación más rápida, y capacidad de resiliencia; solo con un alto nivel de información se podrán tomar caminos efectivos para la restauración en el sector.

La capacidad de resiliencia también es un valor fundamental que deben cultivar las propias entidades de la industria del ocio pues les facilitará la gestión eficaz de los desafíos que está imponiendo esta epidemia mundial.

Se hace necesario el diseño de una planificación precisa desde el rehechura de los productos a partir de una amplia adaptabilidad al cambio, la evaluación de las fortalezas turísticas que ostenta el destino y cuáles de estas son las más factibles de proponer, atendiendo a las nuevas exigencias de los clientes, caracterizadas   esencialmente, en la seguridad para la salud.

Este nuevo posicionamiento estratégico de marketing y precios, tendrá en cuenta de manera consciente a los intereses de los clientes potenciales y será capaz de prospectar cuáles serán sus comportamientos para así poder hacer un proceso de reingeniería sobre los productos y servicios que se brindarán, haciendo énfasis en la segmentación de los mercados según edad sexo, procedencia, nivel adquisitivo, entre otros aspectos.

De igual forma reexaminará las primacías competitivas con herramientas indispensables como la innovación, la creatividad y una perspectiva amplia en cuanto a aprovechar e incorporar definitivamente cambios derivados de la pandemia.

En cuanto al capital humano con el que cuenta cada compañía, se establecerán medidas y normas para preservar la salud de cada uno de los trabajadores, especialistas y directivos, los cuales, a su vez, deberán capacitarse para adquirir nuevas habilidades para poder encarar novedosos procesos asociados a temas de higienización, salubridad, prevención, que incluso quizás determinen el surgimiento de nuevas estructuras.

Este repensarse en su misión y modos de hacer de las entidades turísticas requiere inexorablemente de un profundo proceso de preparación y cambio pues el concepto seguridad en el turismo y en los viajes ha cambiado de manera significativa a causa de la COVID-19.

Texto: Redacción Bienvenidos