Son varios ya los países donde se han detectado casos infectados con nuevas cepas del SARS-CoV-2, potencialmente más peligrosas que la que surgió en China inicialmente, hecho que tensa aún más la compleja situación epidemiológica internacional.

Los nombres de las primeras nuevas cepas son 20B/501Y.V1 y 20C/501Y.V2, y fueron halladas en el Reino Unido, el pasado mes de septiembre, y en Sudáfrica, respectivamente; ambos casos,   manifiestan una mayor facilidad de trasmisión; presentan un número inusualmente alto de mutaciones y han evolucionado por separado.

El surgimiento de nuevas cepas del SARS-Cov-2, se debe a que los virus mutan constantemente y multitud de nuevas variantes aparecen y desaparecen con frecuencia.

Debido a la gran cantidad de mutaciones que han sufrido estas variantes en comparación con lo que es habitual en el SARS-nCoV-2, las nuevas cepas pueden haberse originado en uno o varios individuos, posiblemente inmunodeprimidos, que han sufrido infecciones largas en las que el virus ha podido generar «mutaciones de escape» a ritmo elevado.

Otra hipótesis plantea que los elevados niveles de inmunidad en la población en algunas zonas, pueden haber presionado al virus y seleccionado este tipo, potencialmente más contagioso.

En ambos casos, las mutaciones afectan a la proteína espicular, que son lo «pinchos» exteriores que caracterizan al virus, el cual cumple una función clave en el proceso de acoplamiento con la célula que infecta.

Que estas variaciones hayan logrado predominar en escenarios de alta circulación del virus apunta a que pueden contar con una ventaja adaptativa frente a otras.

La variante 20B/501Y.V1, aparecida por primera vez en el Reino Unido, se ha posicionado como la mayoritaria en el país, y se ha confirmado en Dinamarca, Italia, Países Bajos o Australia, entre otros; la cifra más alta se presenta en Europa, por lo que muchas de las naciones de ese continente han intensificado las restricciones y las medidas de bioseguridad.

La mutación 20C/501Y.V2 fue detectada por primera vez en Sudáfrica entre octubre y noviembre, y solo se ha informado su presencia fuera de ese país en el Reino Unido.

Las dos nuevas cepas comparten una misma mutación en la proteína espicular, pero, a su vez, son distintas genéticamente, y no comparten muchas mutaciones, pero se asemejan en que tienen más mutaciones de lo que sería esperable y las concentran en la proteína espicular.

Los expertos no han encontrado evidencias suficientes para certificar que estas nuevas cepas puedan afectar a la gravedad o a la letalidad de la enfermedad.

De igual forma consideran que, a corto plazo las nuevas variantes no deben provocar la reducción de la eficacia de las vacunas, ya que, alegan, estas cepas incluyen modificaciones en algunas partes de la espícula, pero las vacunas están diseñadas para reconocer una parte mucho mayor de esta, por lo que es posible que se reduzca algo su validez, pero no impedirán su efectividad.

Por su parte, el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges) confirmó recientemente el hallazgo en Panamá de una cepa muy infecciosa del coronavirus SARS-COV-2.

El centro de investigaciones panameño publicó en su cuenta oficial de Twitter que habían encontrado un 70  por ciento de casos con la mutación D614G, que no es ninguna de las variantes  halladas anteriormente,  pero, asegura que también es altamente contagiosa.

También en Japón una nueva cepa encontrada no parece haber sido identificada antes; el centro de enfermedades infecciosas de la nación nipona, llegó a esta conclusión tras secuenciar los genes del virus, en el que detectó doce mutaciones, y señaló que por el momento «es difícil determinar la infecciosidad, patogenicidad o efectos en los métodos de pruebas y vacunas», y recomendó mantener aislados a los pacientes afectados.

A pesar de que en Cuba la cantidad de casos confirmados con el SARS-CoV-2 aumenta de manera alarmante cada día, no existen evidencias de ninguna nueva variante del virus, y se trabaja intensamente para minimizar las consecuencias de la pandemia que ya ha provocado el fallecimiento de  más de un millón 966 mil personas en el mundo

Texto: Redacción Bienvenidos