40 Edición Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano

La llegada de diciembre, como siempre, activa los sentidos de quienes durante cuatro décadas han llegado a La Habana a disfrutar una de las citas más importantes de la región en lo que a séptimo arte se refiere: El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

40 Edición Festival Internacional del Nuevo Cine LatinoamericanoEste encuentro, desde sus orígenes, pretende reconocer y difundir las obras cinematográficas que a partir de su significación y de sus valores artísticos, ayudan al enriquecimiento y reafirmación de la identidad cultural latinoamericana y caribeña. Lo mejor de este arte, lo más avanzado, lo más revolucionario y lo más experimental, se fusiona en esta fiesta que tiene lugar cada año en La Habana para cinéfilos del mundo entero.

Concebido como una continuación de los festivales de Viña del Mar, Mérida y Caracas, en los que se coincidieron filmes y cineastas representativos de las tendencias cinematográficas más renovadoras de América Latina, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, creado en 1968, vino a ser la respuesta definitiva al urgente reclamo de un espacio que garantizara el encuentro sistemático entre las cinematografías del continente y sus creadores. Desde esos orígenes, los cineastas se reconocen como un movimiento político, artístico, cinematográfico con necesidad de expresarse a través de la pantalla grande, y poco a poco, el Festival fue creciendo por una necesidad propia del cine latinoamericano.

Este año, la cita tiene un significado especial, del 6 al 16 de diciembre, se celebrará su edición 40 lo cual ha sido un reto para sus organizadores. De manera ininterrumpida, cada diciembre se ha llevado a cabo esta fiesta del celuloide, y lo gratificante es que hoy en día sigue siendo referente para el mundo entero y según sus organizadores, siempre es un desafío llevarlo a cabo.  Además de los esperados filmes, ya se organizan encuentros y seminarios sobre diversos temas de interés cultural y, en especial, cinematográfico. Asimismo, el programa del Festival acoge una amplia y variada muestra de cine contemporáneo proveniente del resto del mundo, todo bajo la premisa de que sea una vitrina de lo que sucede hoy y de las inquietudes que tiene el mundo hoy, se quiere que sea un festival de cine bien contemporáneo. Los homenajes a Tomás Gutiérrez Alea (Titón) y a Fernando Birri, figuras paradigmáticas del cine del continente, no son solo retrospectivos, con ellos se mira al presente y al futuro.

El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, no es solamente una temporada para ver películas, La Habana se convierte una vez más en un punto de encuentro, de conciliación, de negociaciones, de proyectos entre cineastas, de hacer alianzas, de idear coproducciones y de dialogar con un público curioso proveniente de distintas latitudes que es, sin dudas, el principal protagonista. Los espectadores y los realizadores hoy siguen confiando en este Festival, y agradeciendo que debido a su impronta, el cine de América Latina que apenas se conoce, se pueda detallar en esta gran fiesta.

La ciudad se convierte en un ir y venir de amigos y creadores, que transitan por sus calles desde el amanecer al oscurecer con sus acreditaciones colgadas al cuello en aras de asegurar una prioridad para acceder a las proyecciones. O tal vez, anden a la caza de un boleto pasaporte que viabilice la entrada a los cines, los cuales desde noviembre hasta el último día del festival se pueden adquirir. En esta edición cuarenta, luego de una rigurosa selección han llegado a concurso 22 largometrajes de ficción, 22 cortos y mediometrajes, 18 óperas primas, 25 documentales, 26 animados, 19 guiones inéditos, y 24 carteles. Junto a las muestras colaterales tendrán lugar galas especiales dentro de las que se incluye la película Juli dirigida por Icíar Bollaín, que el público cubano y foráneo espera con expectativas ya que relata la vida del aplaudido bailarín Carlos Acosta, leyenda de la danza y primer intérprete negro en asumir algunos de los papeles más importantes del ballet clásico, originalmente escritos para bailarines blancos.

Irremediablemente las salas de la capital –especialmente las del circuito de la céntrica calle 23–, con sus pantallas grandes, esperan desde ya por ese público inquieto, curioso y culto, que a pesar del impacto de la tecnología, sigue disfrutando de las proyecciones convencionales y añorando la llegada de cada diciembre para socializar en La Habana.

Por: Dianik Flores Martínez