De guajiros al Buena Fe Social Club
De guajiros al Buena Fe Social Club
De guajiros al Buena Fe Social Club
De guajiros al Buena Fe Social Club
De guajiros al Buena Fe Social Club

¿Será que, como se dice en Cuba, ellos son un par de guajiros[1]? ¿Habrá sido ese carisma campechano la clave del éxito para perdurar en los corazones de la gente? Quien los conoce, posiblemente, pueda responder esas interrogantes. Nosotros los guardamos para siempre luego de ser recibidos en su estudio como amigos de toda la vida.

Encontramos a Israel en su casa, junto a Yoel, para conversar sobre sus primeros 20 años de carrera musical. Fue una tarde inolvidable; y cómo podría ser diferente, si hablar de Buena Fe es contar la historia de una generación, un país, un fenómeno artístico que llegó para revolucionar a la canción de autor.

Ha sido dicho que Buena Fe surge hace 20 años porque querían hacer música, arte por arte, y no para vivir de ella. ¿Es eso cierto?

 Yoel: Ha implicado mucho sacrificio. Un buen día decidimos coger la guitarra y hacer canciones. Era una época donde hacer música de autor no era lo más factible; pero teníamos unas ganas enormes de comernos el mundo.

A veces nos preguntábamos hasta dónde podríamos llegar con ese tipo de música. Nuestros sueños, entonces, eran muy elementales…  Llenar el teatro del pueblo y salas pequeñas nos alegraba el alma. Decíamos que con la música que hacíamos no pretendíamos ganar mucho económicamente. No pensábamos tampoco en llenar grandes espacios.

Decidimos echar pa´alante. Y la vida nos sorprendió.

Al cabo de 8 años estábamos haciendo un concierto en la Plaza de la Revolución para 350 mil personas. Los discos empezaron a gustarle a nuestro público.

Aun así, la música que hacemos nos exige muchas horas de creación y dedicación. Es por eso que, si quisiéramos vivir de lo que hacemos, haríamos otro tipo de música que esté más de moda, le caeríamos detrás a los nuevos estilos, y eso no es lo que queremos. Defendemos el principio de vivir para la música y no de ella.

¿Qué significó para Buena Fe su primer disco Déjame Entrar, bajo la producción de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales EGREM en 2001?

Israel: Para nosotros Déjame Entrar fue un sueño hecho realidad. Todavía me parece increíble haber tenido esa oportunidad y lo que pasó después.

Me parece un cuento como el de Cenicienta: sin vestido ni carruaje, pero con estudio de grabación, buenos músicos, grandes arreglistas… Todo lo que implicó para este par de guajiros ver sus canciones vestidas de la mejor manera… Me sigue pareciendo milagroso, lo digo con toda honestidad.

Creo que hemos sido leales a la EGREM porque la sentimos como una madre. Sabemos todos que la relación con una madre no siempre es amable, hay momentos en que ambos se quieren matar. Entre nosotros ha sido igual, pero EGREM no es solo las personas que la componen, es una voluntad institucional por mantener el sistema de la industria cultural que tiene nuestro país. Ha sido la puerta de entrada de muchos artistas, y creo que la única forma de devolver esa gran oportunidad es siendo muy trabajador, muy consagrado.

Siempre hemos editado con la EGREM, incluso cuando hemos hecho un disco independiente o con disqueras extranjeras. Mantenemos en todos los contratos la cláusula de que Cuba es territorio EGREM. Y eso nos da mucha alegría también, porque hemos sido consecuentes con la manera en que pensamos y con esa empresa que sabe que eternamente puede contar con Buena Fe, como mismo nosotros un día tuvimos la inmensa fortuna, gracias a ella, de sentirnos como la Cenicienta…

Cuando empezaron, por su juventud, el pensamiento de ustedes era más afín al de sus seguidores ¿Cómo logran mantener esa comunicación con el público luego de tantos años?

Yoel: La clave ha sido ser consecuentes con cada una de las canciones por las que ese público nos sigue. A veces, nos maravillamos porque vemos familias completas con niños cargados en brazos, abuelos esperando que empiece nuestro concierto. Por eso siempre decimos que el público sigue siendo joven, porque cuando ves a un anciano con más de 80 años cantando los temas y que no se pierde un concierto, para nosotros, esa persona es joven, sigue teniendo inquietudes, ganas de pensar, de vivir, de cantar… Y eso tiene mucho valor.

Igual pasa cuando vemos un niño cantando una canción que sabemos perfectamente que no entiende, pero algo le llama la atención, algo le hace verla diferente y lo emociona. Tal vez fueron sus padres, quizás ese niño nació al calor de una canción de Buena Fe y eso lo convirtió también en un seguidor.

Yo creo que se debe a eso, el público que nos sigue, que nos ve posible, que nos ve llegar al concierto tal como ellos y ve que tiene acceso a las canciones, pero también tiene acceso a los que están encima del escenario. Y eso ha permitido que el público y las canciones envejezcan junto a nosotros, todos juntos.

Israel: Siempre tuvimos claro que dirigíamos nuestras canciones al público que no tiene pereza de mente; que no son los jóvenes y universitarios, sino el público que tiene espíritu universitario, que es muy diferente.

Cantamos para todo tipo de gente, más allá de un público enmarcado en una determinada edad. Tocamos para todo aquel que cuando se asome a la canción descubra conceptos, ideas, un lenguaje que lo enaltezca, que lo ponga contento, aunque sea una canción muy dura… o les haga reflexionar sobre una visión distinta de un problema peliagudo. Buscamos siempre la quinta pata del gato. La gente que no se va con el estribillo fácil, con lo potable. Ese es el público que tiene generalmente un espíritu cuestionador, analítico.

Por supuesto, todos los seres humanos pasamos por esa etapa de la vida, casi siempre cuando somos jóvenes, pre o universitarios. Luego la vida se complica; pero aun así nosotros sentimos que hay un público acompañando a Buena Fe, gente joven que se suma, otros que en algún momento nos deja de oír porque no comulga con nuestra manera de ver el mundo… Pero siempre que vaya a un concierto o pase por algún lugar donde está sonando una canción que marcó su vida, estoy seguro que eso lo llevará con alegría a buenos recuerdos.

Porque las canciones son eso, la única y mejor máquina del tiempo que se ha inventado para regresar a vivir emociones maravillosas. En ese sentido, yo creo que hemos sido útiles al público con ese tipo de inquietudes, ya sea una persona de 80 años o un niño que se empieza a preguntar los porqués de la vida.

En una entrevista, Israel decía que ser músicos, más que una profesión, es un sacerdocio ¿Cómo se traduce esta metáfora en cuanto a la labor de los músicos actualmente?

Yoel: Cada artista cuando decide hacer su obra, sabe también que entran en juego muchos riesgos. El que se dedica a la música no tiene horarios. Vivimos prácticamente al revés del resto de las personas y el cuerpo se lo siente, como lo siente también nuestra familia. Todo por el placer de pararte en un escenario a regalar tu arte y saber qué piensan aquellos que la van a escuchar.

Es un sacerdocio porque además tienes que vivir para eso. Si haces un disco, lo lógico sería sentarte a disfrutarlo y ver qué pasa con ese éxito; sin embargo, ya uno tiene que estar pensando en que sucederá en un próximo disco o dentro de unos meses cuando ya esas canciones deberían respirar otro aire y no matar a las viejas o viceversa.

Israel: Este trabajo es de un desgaste físico tremendo. Muchas malas noches… Y la cuestión es: si haces canción de autor y mueves ideas, en qué tiempo te preparas, lees, buscas la fuente de información que te permita no dejar morir la inspiración; a qué hora socializas con quienes te transmiten las inquietudes sociales que tenemos todos en el entorno o a las que le debes canciones… Todo eso lleva un tiempo de creación, de experimentación… y el día tiene 24 horas, la semana 7 días. No le puedes sacar más. Tenemos entonces que organizarnos mucho para poder ofrecer presentaciones de calidad.

Todos los años hacemos más de 100 conciertos dentro y fuera de Cuba. Eso supone una cantidad tremenda de trabajo, más las horas de ensayos, el tiempo de preparación. Por lo que, cuando uno suma todo eso, la música se vuelve un sacerdocio. Si no lo amas no lo puedes hacer y si no tienes la convicción de estar haciendo algo fecundo, te aburres. Entonces, sencillamente, puedes dedicarte a hacer otra cosa más lucrativa y menos trabajosa.

Algunos no entienden cómo pueden hacer canciones de crítica social tan fuertes y a la par defender abiertamente el proyecto de la nación cubana.

Yoel: No hay manera de defender algo si no te involucras, ya sea para criticar o para elogiar. Desde un principio, supimos que algunos temas podían causar discordia y polémica. Sabíamos también por eso que debíamos llamarnos Buena Fe. La idea era hacer canciones e implicarnos, formar parte de esa sociedad a la que pertenecemos, tanto en los problemas como en la solución. Es válido cantarle a todo, desde crónicas sociales hasta canciones de amor que tengan que ver con otras realidades.

Israel: Yo tengo un árbol del proceso en mi cabeza, de la raíz a la fruta. Y en esa raíz están José Martí, Félix Varela, Antonio Maceo, Máximo Gómez, Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras, la generación del Centenario, mis abuelos, mis padres… Ambos venimos, por fortuna, de familias que han tenido participación en el proceso revolucionario que se ha vivido en este país.

Uno nunca sabe con quién va a quedar bien, pero si sabemos con quien no vamos a quedar mal… y es precisamente con la familia, con la gente que amamos. No se trata de que pensemos igual; pero ellos me enseñaron una manera de ver el mundo que no puedo traicionar por caerle bien a alguien que ni siquiera conozco.

Y en mi árbol del proceso desde Martí hasta nuestros días, no existe otro camino que la soberanía para defender la independencia. No existe otro camino. O nos salvamos todos, o nos hundimos todos.

Si decidí quedarme en Cuba y vivirla cada día en sus apagones y en su brillantez, no es para ser un aplaudidor que intenta ganar algo o ser un mercenario en mi propia tierra por tratar de ganar mercado. Te dije que esto era un sacerdocio, para vivir por la música y no de ella… eso conlleva un compromiso y una convicción.

Esta es la música que hacemos, de crítica, catarsis, denuncia… y el día que esas cosas no me ardieran y me dolieran en el alma, no me motiven o me enfurezcan; no tendrá sentido, porque me traicionaría a mí mismo y a esas personas por las que se formó mi pensamiento… a mis abuelos, a mis padres.

Eso es lo que soy y lo que creo; y cuando esté equivocado, la vida me lo demostrará. Vamos a llegar hasta donde nuestras canciones nos lleven, como mismo no llegaremos hasta donde nuestra manera de pensar nos condene.

Última producción discográfica… CARNAL

Israel: Primero, no quisimos que el disco fuera un homenaje porque nos parecía una autosuficiencia insuficiente convertirlo en una alabanza banal a estos 20 años, porque en el 2020 será el 21 y luego el 22. Yo no soy muy dado a las celebraciones porque sean cerradas, el año 17 por ejemplo, puede ser un período maravilloso.

Pero no es menos cierto que es el décimo disco de Buena Fe y son 20 años, entonces tampoco puedes apartarte de esos convencionalismos. La única manera en que podemos reverenciar todo el trabajo hecho y a ese público que nos ha acompañado, es haciendo un disco en que te lo gastes todo… todo tu esfuerzo, todo tu empeño, en el que la gente reciba un producto de calidad a la altura de lo que le hemos dado todos estos años.

Es un álbum de 14 temas, bien ecléctico, bien diverso como la gente ya conoce que es nuestro trabajo. Musicalmente creo que es bastante interesante porque lo hemos hecho con un cuidado especial. También, aunque uno no quiera, va jugando en la cancha la experiencia: el estudio de trabajos anteriores y qué es lo nuevo que se puede hacer, conocernos y conocer a la gente que espera un nuevo disco de Buena Fe.

Con una perspectiva muy particular, el CD es un recorrido por nuestra carrera, por eso se llama Carnal. Es absolutamente así, no hay ninguna canción que pase por alguna experiencia que no hayamos vivido en el grupo.

No es un disco pensado en colocarse en los hit parades de nada: es humildemente una entrega que se fue dando orgánica, de todas las horas de trabajo juntos, de descubrir las nuevas inquietudes que hoy nos colman, las preocupaciones sociales y existenciales de Cuba, las tantas personas maravillosas que nos rodean y muchas veces son invisibles… Carnal, como siempre en Buena Fe, apunta a la esperanza, esa traviesa que parece perderse en ocasiones, cuando ser de vanguardia parece que es portar la antorcha de  la desidia, la destrucción y la confusión.

Buena Fe ha decidido siempre que, por el contrario, prefiere alumbrarse con una fosforera[2] de esperanza, de positivismo y de reconocimiento a la gente que pone el pecho todos los días para que este país amanezca un poquito mejor. Obviamente, sin dejar de tocar los problemas habituales del ser humano. Carnal nos tiene muy entusiasmados. Ojalá el público lo perciba así de interesante porque está pensado cien por ciento para esas personas sin pereza de mente.

Principios fundacionales…

Israel: Los principios fundacionales están ahí en su lugar. La inquietud por la creación, el hambre de aprender, experimentar, seguir buscando sonoridades, nuevas maneras de ampliar la música… que en el proceso seamos útiles a los demás.

Por otro lado, mantener la amistad, la familiaridad que hemos logrado durante todos estos años porque muchas veces compartimos más entre los muchachos de la banda que con la propia familia de cada uno.

Alguien me dijo una vez que las agrupaciones morían porque se acomodaban a una manera de hacer, a una fórmula de éxito. Yo siempre he tratado de negar esa idea, porque la unidad, el cariño, la amistad, debe ser justamente un viabilizador para la experimentación, para romper los moldes… Eso nos permite ser muy agudos en la crítica constructiva y que cada uno saque lo mejor de sí.

En 20 años, sueños por cumplir…

Israel: A todo músico le gustaría que su arte trascienda más allá de sus fronteras y aunque le hemos dado media vuelta a este mundo, no hemos logrado que la industria bendiga nuestras canciones de la manera que merecen, o al menos nosotros soñamos.

No es un desespero, pero sueño al fin, nos gustaría que nuestras canciones lleguen un poco más allá. A lo mejor no se lo merecen todavía, no son suficientemente buenas, o no es su momento. Tal vez lo hagan cuando seamos demasiado viejitos. Nosotros siempre decimos que toda la banda junta, disfrutando y haciéndonos mayores en el escenario, vamos para el Buena Fe Social Club.

Textos: Bienvenidos / Fotos: Cortesía Buena Fe


[1] Persona que vive y trabaja en el campo o que procede de una zona rural.

[2] Encendedor (aparato para encender).