El reconocido cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea, Titón para todos, falleció en La Habana un día como hoy del año 1996; había regalado al futuro una obra  fílmica sólida, perdurable, crítica y profunda,  en una búsqueda perpetua de la verdad, que constituye una contribución imprescindible  al pensamiento y a la  cultura cubanos.

Titón, como buen habanero, homenajeó a la ciudad en la gran mayoría de sus producciones; había nacido en ella el 11 de diciembre de 1928 y en la adolescencia tuvo un primer acercamiento al arte, en este caso, a la música, la que estudió hasta 1948, en que comienza a filmar, hábito que mantendría por el resto de su vida.

Los primeros fueron cortos humorísticos y un documental que no terminó, sobre el Movimiento por la Paz, encargo del Partido Socialista Popular.

En 1946 comienza a estudiar Derecho en la Universidad de La Habana; allí es presidente del Comité por la Paz de la Escuela de Derecho y secretario del Comité Organizador del III Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que se celebra en Berlín.

Ese año participa en la fundación de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, y filma en 8 milímetros, el cortometraje humorístico Una confusión cotidiana, basado en el relato homónimo de Franz Kafka.

Se gradúa de abogado en 1951, para complacer a sus padres, pero siguiendo su verdadera vocación parte hacia Roma a estudiar dirección de cine en el Centro Sperimentale di Cinematografia; al año siguiente funda junto a otros residentes en Italia la Associazione Latinoamericana y su boletín, Voci dell´America Latina.

Al regresar a Cuba en 1953 continúa participando en la sección de cine de la Sociedad Nuestro Tiempo y en el comité de dirección de su revista.

Momento importante en su carrera, significó su colaboración con Julio García Espinosa en 1955, en la dirección del mediometraje documental El Mégano, sobre la vida de los carboneros de la Ciénaga de Zapata que constituía una firme denuncia social por lo que fue secuestrado el filme por la policía.

Al año siguiente comienza a dirigir cortos para Cine-Revista, entre ellos, el documental La toma de La Habana por los ingleses, apoyado en hermosos grabados del siglo XVII que plasmaban el suceso.

Luego del triunfo de la Revolución, en el propio año 1959, organiza, con García Espinosa, la sección de cine de la Dirección de Cultura del Ejército Rebelde.

Ese mismo año comienza a rodar Esta tierra nuestra, primer documental realizado en la Revolución, que aborda las condiciones de vida del campesinado cubano antes de la promulgación de la Ley de Reforma Agraria.

Toma parte en la fundación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), presidido por el ilustre intelectual cubano Alfredo Guevara Valdés, e integra su consejo de dirección hasta 1961.  

Historias de la Revolución, su ópera prima en largometrajes de ficción, es estrenada en 1960 así como el documental Asamblea General, sobre el apoyo popular a la Primera Declaración de La Habana.

En abril de 1961, y al iniciarse la invasión a Playa Girón, marcha junto a Santiago Alvarez, fundador y director del Noticiero ICAIC Latinoamericano,  los camarógrafos Julio Simoneau, Pablo Martínez,   y Mario Ferrer,  y  Alejandro Caparrós,  ingeniero de sonido, en calidad de  corresponsales de guerra, para filmar lo que sería el documental ¡Muerte al invasor!

Titón y Santiago Alvarez, dirigieron y editaron el filme que es un testimonio irrefutable a l plan de la CIA, y un aporte extraordinario a la memoria histórica.

La reconocida novela Las doce sillas de los escritores soviéticos Iliá Ilf   y Yevgueni Petrov, fue adaptada por Titón en su película homónima, una tragicomedia del absurdo, que se produjo en 1962 y que constituye uno de los clásicos del cine nacional; al año siguiente fue estrenada en Moscú. 

 En 1964 Gutiérrez Alea rueda el largo de ficción Cumbite, versión libre de una novela de Jacques Roumain, y en 1966 termina otra de sus obras magistrales: La muerte de un burócrata que se presenta con éxito en el XV Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, en Checoslovaquia, y en el Festival de Pésaro, en Italia.

Con el año 1968, llega su pieza insuperable: Memorias del subdesarrollo, basada en la novela homónima del escritor cubano Edmundo Desnoes (La Habana, 1930).

Memorias del subdesarrollo

Integrante de la nómina de las cien mejores películas de la historia del cine y considerada una de las diez mejores cintas exhibidas en los EEUU en 1973, según la selección anual del New York Times, Memorias del subdesarrollo, ha devenido filme de culto para realizadores, estudiantes y amantes el séptimo arte; con una vigencia a prueba del tiempo, se muestra en el presente renovada por una reciente restauración y más certera que nunca en sus profundas reflexiones filosóficas, políticas y humanas.

Sergio, el protagonista, lleva de la mano al espectador a través de su mirada al contexto que lo rodea, los inicios del triunfo revolucionario cubano, pleno de contradicciones, transformaciones, ideales y complejidades, en un país subdesarrollado que tiene la voluntad de avanzar en su Revolución.

Cuando Titón presentó la película en el Festival de Cine de Karlovy Vary, Checoslovaquia ese año dijo:

«El filme, creo yo, contribuye a afirmar esa conciencia –es decir, la conciencia del subdesarrollo—, premisa indispensable para construir la sociedad que queremos construir, sobre bases firmes, sin mentiras, sin engaños, sin mistificaciones. Es un filme doloroso, un filme crítico. Y si el enemigo cree que puede aprovecharse de la crítica, estamos convencidos de que más nos aprovecharemos nosotros, porque en el dolor y en la crítica se afilan nuestras armas, porque nos hacemos más sólidos, más auténticos, y nos acercamos aún más a la verdad.

El guion de esta película, en su letra, no difiere mucho de la novela de Desnoes, de gran valor en cuanto a la interpretación de la realidad cubana, sus ciudadanos y las consecuencias políticas del subdesarrollo, sin embargo, el filme logra con una acertadísima selección de locaciones, imágenes, actuaciones, música y otros recursos expresivos, engrandecer este guion, y trasmitir un alcance mayor de las ideas y meditaciones con el añadido de la conmoción que logra como hecho artístico.

Luego de los reiterados éxitos de Memorias…, en 1971 Titón filma Una pelea cubana contra los demonios,a la que sigue en el 74, el cortometraje documental El arte del tabaco; en el 76 el largometraje de ficción La última cena; a los dos años termina el largometraje Los sobrevivientes   y, el documental El camino de la mirra y el incienso.

La década del 80 llega con su película Hasta cierto punto (1983), de interesante agudeza crítica y perspectivas éticas; en 1988 filma el largometraje de ficción Cartas del parque, basado en un guión de Gabriel García Márquez, y del escritor colombiano toma la obra Contigo en la distancia para en el 1991 realizar en México un cortometraje de ficción homónimo.

No es hasta 1993 que llega el otro gran boom de Alea: Fresa y chocolate,  hecha a dos manos con Juan Carlos Tabío, largometraje de ficción que estrena en el XV Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, La Habana y al año siguiente en el Festival Internacional de Berlín. 

Titón, junto a los protagonistas del filme, Jorge Perugorría, Mirtha Ibarra y Vladimir Cruz, asiste a la ceremonia de entrega de los Oscar de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, de Hollywood, al ser Fresa y chocolate nominada en la categoría de Mejor Película Extranjera.

En esta ocasión, el Lincoln Center de Nueva York organiza un homenaje a la vida y   obra de Titón, que, por su solicitud, inaugura el escritor cubano Reynaldo González, en ese momento director de la Cinemateca de Cuba.

Varios fueron los homenajes y retrospectivas que, en diferentes momentos, se hicieron de su filmografía, con su presencia en otras ciudades de Estados Unidos, y en naciones como India, México, España, Canadá, Francia, Inglaterra, y Cuba por supuesto, donde entre otras distinciones le fue conferida la Orden Félix Varela de Primer Grado, máxima distinción cultural que concede el Consejo de Estado, y la Distinción por la Cultura Nacional, que otorga el Ministerio de Cultura de Cuba.

En 1995, también en colaboración con Tabío, termina Guantanamera, su última película, pues al año siguiente fallece el más   relevante director cinematográfico de la historia del cine cubano, aún no superado y considerado entre los más trascendentales de Iberoamérica.

Texto: Redacción Bienvenidos