Alfredo Guevara recordado por siempre como el presidente fundador del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, falleció un día como hoy del año 2013, había aportado una intachable hoja de servicio consagrada a la cultura y el pensamiento cubanos.

También se le reconoce mundialmente el mérito de haber dado vida al Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en un afán integracionista desde el arte, de gran trascendencia.

Son innumerables los valores que antes y después de su deceso se han destacado de Alfredo, los más notables: inteligencia, lucidez, su dominio de la cultura universal, en particular del cine, y la lealtad al proceso revolucionario de su país, iniciado en 1959 y del cual fue permanente defensor de palabras y hechos.

Su actitud patriótica comenzó desde la etapa universitaria; se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana donde conoció al Comandante Fidel Castro e inició con él una amistad que duró toda la vida.

Tuvo una amplia participación en la lucha clandestina contra el gobierno de Fulgencio Batista, a consecuencia de la cual fue perseguido y encarcelado.

Porque Alfredo Guevara (La Habana, Cuba, 31 de diciembre de 1925 – 19 de abril de 2013), poseía cualidades que lo distinguían entre sus contemporáneos y colegas: era un intrépido transgresor —antes y después de la Revolución— que arremetía con agudeza contra todo lo que consideraba mal hecho ya fuese una acción artística no válida, una manifestación de ignorancia malsana, un atisbo de burocracia o una «chapucería política», para utilizar una frase suya.

Y esta fue una actitud que lo acompañó siempre; en entrevista concedida a la periodista cubana Magda Resik Aguirre el 15 de noviembre del 2005, dijo Guevara:

«El único modo de resistir de verdad, a fondo y para siempre, es la cultura, la defensa de la identidad. Pero una cultura que vaya más allá de la instrucción. Quisiera yo que alcanzáramos a lograr que el ciudadano tuviese una formación intelectual mínima que lo llevase a apreciar lo auténtico y despreciar lo banal.

Desgraciadamente, La Habana que yo amo ―es lo que más amo― está sumergida en la chusmería, en la vacuidad. Pese a la generalización de la instrucción hay una ola de basura surgiendo, que se está imponiendo y de la que tenemos que cobrar conciencia para defendernos». 

Tres años más tarde, en una comparecencia en el programa Privadamente público, trasmitido por el Canal Educativo 2, de la televisión cubana, el martes 22 de julio de 2008, conducido por el profesor y periodista Raúl Garcés, el acreditado pensador expresó:

« (…) no debemos olvidar jamás que tenemos un millón de universitarios y millones de gente preparada, es decir instruida, pero no culta, y cuando eso se logre, será más fácil avanzar. Cuando eso se logre y podamos destruir la burocracia…»

Para más adelante declarar:

«Bueno, yo me siento un creador. Yo creo que un gestor de cultura, que es una de mis facetas, lo ideal es que sea un creador. El ideal es que no hay nada más fácil que el que un gestor de cultura sea un burócrata, sabiéndolo o no sabiéndolo. No siempre el burócrata tiene conciencia de quién es».

Una de sus críticas más enérgicas estuvo dirigida a la burocracia por el poder de esta de socavar las bases de cualquier proceso efectivo y más en el universo del arte y la literatura.

Semanas antes de morir, concedió una entrevista a los periodistas Xavier D´Arthuys y Ariel Felipe Wood; manifestó aquí lo que llamó sus «últimas obsesiones»: «la restauración del socialismo; combatir la chabacanería, la vulgaridad, la incultura, la banalidad y la burocracia; la necesidad de actuar con lucidez, escuchar a los jóvenes y dialogar con ellos».

Sería interminable un trabajo que recogiera todas sus opiniones acerca de problemas contemporáneos que minan la existencia humana en general y el proceso social cubano en particular por sus características.

Por otra parte fue Profesor Emérito del Instituto Superior de Arte, que le otorgó el título Doctor Honoris Causa en Arte; le fue conferida la Orden Félix Varela de Primer Grado, máximo reconocimiento de la Cultura cubana; en marzo de 2009 mereció la Orden José Martí, la más alta distinción del Estado cubano, de manos del presidente Raúl Castro y recibió el Premio Nacional de Cine en el año 2003, en su primera entrega.

En el plano internacional, fue embajador de Cuba en la UNESCO entre 1987 y 1991, y formó parte de su Consejo Ejecutivo; en 1983 recibió la Medalla de Oro Federico Fellini que le entregó esa organización y que constituyó la primera que vez que la entregó a un cineasta; recibió la Orden de la Legión de Honor de la República Francesa, en el grado de Comendador, y en el 2008 el Premio de la Latinidad, por su contribución a la cultura cubana y por sus esfuerzos a favor del desarrollo y la difusión del cine latinoamericano y caribeño.

Alfredo Guevara es uno de los intelectuales cubanos más brillantez de la historia cultural del país y uno de los que siempre dio en el blanco con su sagaz mirada crítica a los conflictos y fenómenos que impedían  el desarrollo  de un país mejor, por eso hoy sus obsesiones tanto se extrañan. 

Texto: Redacción Bienvenidos