El verdadero nombre de Dulce María era María Mercedes Loynaz y Muñoz (La Habana, 10 de diciembre de 1902-27 de abril de 1997); fue narradora, poeta, y periodista; de profesión, abogada, pues en 1927 se graduó de Derecho en la Universidad de La Habana, y como tal ejerció durante muchos años, hasta 1961.

Desde el momento en que culminaron estos estudios, incrementa su producción literaria, aunque ya en 1926 había integrado la antología La poesía moderna en Cuba (1882-1925) realizada por Félix Lizaso y José Antonio Fernández de Castro.

En 1927 escribe Bestiarium y al año siguiente Versos. En 1929 viaja a Egipto, y visita   la famosa tumba del joven faraón, momento en que se inspira para la escritura de uno de sus poemas más conocidos, leídos y declamados: «Carta de Amor al Rey Tut-Ank-Amen».

Recibió el Premio Nacional de Literatura en el año 1987, atendiendo a los extraordinarios valores de su obra literaria, en la que destacan sus notables volúmenes, Juegos de agua, Jardín, Un verano en Tenerife, y Fe de vida, sus memorias, entre otros; es considerada la más grande escritora cubana del siglo pasado.

Jardín, quizás la más celebrada de sus obras, comenzó a escribirla en 1928; demoró siete años en concluirla y no fue publicada hasta 1951; por los elementos estilísticos utilizados por la autora, se cataloga como precursora de la actual novelística hispanoamericana.

Virtuosa de las construcciones lingüísticas y los imaginarios, supo como pocos enriquecer robustamente la lengua española con pulcritud, riqueza y originalidad, desde una perspectiva poética, humana, arriesgada y siempre novedosa

Dulce María Loynaz y la Academia Cubana de la Lengua

Dulce María Loynaz, fue nombrada en 1959 miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua y en 1968 es electa miembro correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua; dos años después esta institución, atendiendo a sus conocimientos lingüísticos y literarios, la nombra como individuo suyo en la clase correspondiente hispanoamericana en Cuba, autorizado por el sello mayor de la Academia.

En el año 1988 es designada Presidenta de la Academia Cubana de la Lengua, como resultado de  su ingente trabajo  en aras del idioma español, su cuidado y desarrollo, hasta que en 1995, atendiendo a su delicado estado de salud, se despide oficialmente de esta prestigiosa institución, que la nombra en ese momento Presidenta Honoraria y Perpetua.

Premio Cervantes

Antes de recibir el Premio Miguel de Cervantes, de manos del Rey de España, el 23 de abril de 1993 en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, la Loynaz había sido nominada en dos oportunidades por la Real Academia de la Lengua Española; en 1984, pero le fue conferido al argentino Ernesto Sábato, y en 1987 es nominada nuevamente, pero lo recibe el mexicano Carlos Fuentes.

El Premio Cervantes es el máximo galardón que otorga el Ministerio de Cultura de España a la labor creadora de escritores españoles e hispanoamericanos cuya obra haya contribuido a enriquecer de forma notable el patrimonio literario en lengua española

Los candidatos a este lauro son propuestos por el pleno de la Real Academia Española, por las Academias de la Lengua de los países de habla hispana y por los ganadores en pasadas ediciones.

Entre los valores de su obra que sustentaron especialmente este lauro se resaltaron la maestría en el manejo del castellano, decantación del lenguaje, poder de síntesis, claridad, sencillez y sobriedad en la expresión lírica.

Dulce María Loynaz, ocupó el escaño 18, en la nómina de los premiados con el Cervantes, que desde 1976 se entrega cada año y es el más importante en Lengua Castellana; fue la segunda mujer y la primera latinoamericana en recibirlo; también fue la segunda cubana, porque antes lo había conquistado Alejo Carpentier en el año 1977.

El Rey Don  Juan  Carlos I de España, la  calificó como «gran dama de América» al entregarle  la  medalla  simbólica del lauro que, en opinión generalizada, la reinstaló en la posición encumbrada que mereció siempre en las letras hispanoamericanas, pero que estuvo precedido de   otros notables reconocimientos como el Premio de Periodismo  Isabel la Católica , obtenido en 1991 por el conjunto de artículos sobre este personaje titulado  «El último rosario de una reina», publicados en el diario español ABC.

Su discurso de agradecimiento, que fue leído a solicitud de la poetisa por el escritor cubano Lisandro Otero, versó sobre la capacidad de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, para hacer reír en circunstancias adversas y pese a su antigüedad.

El texto asegura en la introducción:

 «Constituye para mí el más alto honor a que pudiera aspirar en lo que me queda de vida el que hoy me confieren ustedes uniendo mi nombre, de algún modo, al del autor del libro inmortal».

Dulce María fue La hija del General; se titula así el libro de Vicente González Castro publicado en 1992 en La Habana, y que es una extendida entrevista a la poetisa donde revela innumerables aspectos y anécdotas de su infancia, su vida familiar y sus conceptos  éticos, estéticos  literarios y culturales.

Su padre fue el general del Ejército Libertador Enrique Loynaz y del Castillo, autor del Himno Invasor, cuyas notas llamaron al combate mambí; por las venas de Dulce corrió sangre mambisa y patriótica y a estos ideales fue fiel hasta su muerte pues nunca olvidó su herencia heroica, ni renunció a su compromiso con la cultura cubana que tanto le debe.

Texto: Redacción Bienvenidos