Justo en la intersección de las calles Mercaderes y Amargura, en el corazón de La Habana Vieja, el caminante se detiene curioso ante una enorme cruz verde de cedro que adorna la esquina de la casa 253 que ahí se levanta. Detrás de esta cruz hay una rica historia que se remonta años atrás hasta llegar al siglo XVIII.

Una reliquia del pasado a nuestro paso

La reconocida Casa de la Cruz Verde fue construida en los inicios del siglo XVIII con la tipología de dos plantas que hoy podemos ver. Hasta el siglo XX, la planta baja se utilizó como comercio o bodega y el segundo piso como vivienda, funciones que no se retomarían hasta que la propiedad fue totalmente restaurada por la Oficina del Historiador de La Habana.

Aunque para los que recorren las calles de La Habana Vieja esta casa no es otra que el famoso Museo del Chocolate, renovado muy recientemente, los ojos curiosos no pueden más que preguntarse sobre la enorme Cruz Verde que se apoya en un pedestal de piedra justo en la esquina que une a las calles Mercaderes y Amargura. Resulta que esta cruz es una reliquia que nos llega desde el siglo XVIII y marca uno de los puntos iniciales del Vía Crucis que se celebraba cada viernes de cuaresma por las calles de La Habana Vieja.

El Vía Crucis que se realizaba en La Habana del siglo XVIII comenzaba en la Orden Tercera de San Francisco de Asís, ubicada en la popularmente conocida Plaza de las palomas, y subía toda la calle Amargura hasta llegar a la Iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje. Cada esquina de calle que se recorría se marcaba con una de estas cruces que se convertían por sí mismas en sitio de peregrinaje y rezo, especialmente durante las noches cuando las iglesias cerraban. En la actualidad, la Casa de la Cruz Verde es la única esquina habanera que aún conserva una de estas enigmáticas cruces por lo que se convierte en un punto con gran valor histórico.

La forma de doble cruz desigual que tiene esta reliquia resulta curiosa para muchos y se debe a la influencia directa de la cruz de Caracava de Murcia, que se remonta al siglo XIII. Muchos se preguntan también la razón del tan particular color verde de la cruz y se cree que se eligió este tono debido a que representa la esperanza, el triunfo de la vida sobre la muerte y la iniciación espiritual, razones que no carecen de un interesante atractivo.

En la década de los 90, la famosa Cruz Verde fue sometida a una muy necesaria reparación y parte de la madera original tuvo que ser reemplazada, además, se pintó con una capa protectora de barniz que asegura que la cruz esté protegida de la lluvia, el sol y el salitre. De esta forma, la ya histórica Casa de la Cruz Verde continúa asombrando a los visitantes que recorren las calles de la capital caribeña.

Texto y Fotos: Redacción Bienvenidos