En Compostela 662, se levanta el complejo arquitectónico religioso más grande de La Habana y la primera construcción con características barrocas de la ciudad.

Una iglesia, un convento y un hermoso arco abovedado conforman el conjunto del Convento de Nuestra Señora de Belén, construido a inicios del siglo XVIII. En un principio, su misión fue la de servir como institución de recuperación para los enfermos.

La idea del Obispo de Cuba en el momento, Diego Evelino de Compostela, se hizo realidad en el año 1720 en el que se terminaron las obras del colegio y la enfermería. Años más tarde, los padres Betlemitas recibieron el permiso para levantar el arco que sobresale hoy en la calle Acosta y que se ha convertido en una de las características emblemáticas del convento. Sin embargo, no fue hasta 1769 que la obra que conocemos hoy en día estaría terminada, con su planta alta.

Las idas y venidas en el Convento de Belén

Para mediados del siglo XIX, el convento pasó a manos de la orden de los padres Jesuitas quienes lo utilizaron como colegio hasta inicios del siglo XX. Entre los años 1925 y 1962, el estado figuró como propietario del inmueble e instauró diversas oficinas civiles dentro del convento. Para 1988, la Academia de Ciencias de Cuba tomaría posesión del centro y el Archivo Nacional de Seguridad Social se instalaría en sus salas más antiguas. Sin embargo, gran parte del edificio quedaría abandonado y a merced de las inclemencias del paso del tiempo.

Derrumbes, abandono, pillaje y un incendio devastador llevaron al convento a perder gran parte de la belleza que una vez lo caracterizó, sin embargo, las obras de rescate de la Oficina del Historiador se encargaron de recuperar el edificio, empezando por la Iglesia. El trabajo de restauración abarcó todo el conjunto religioso y permitió que, en la actualidad, el convento se convirtiera en la sede de la Oficina de Asuntos Humanitarios de la Oficina del Historiador y en un centro de áreas de atención especializada para el adulto mayor.

Un convento para el desarrollo de las ciencias y el pensamiento

Quien entra al Convento de Belén queda maravillado por la belleza de su patio interior, repleto de la naturaleza característica del trópico. Descansar en uno de sus bancos es como hacer un pequeño viaje en el tiempo y asombrarse ante la historia que esconden sus paredes. Aquí se instaló un Observatorio en el que se estudiaba, además de los elementos atmosféricos, Geomagnetismo y Astronomía. Gracias a esta institución se fundó la primera estación sismológica en la isla. En el convento, además, se observó la trayectoria del cometa Halley, de forma telescópica, y se impartieron clases regularmente. Fue, sin dudas, un verdadero centro para el ejercicio del pensamiento y la práctica científica.

Hospital, escuela, academia para las ciencias y sede de un batallón de infantería han sido algunas de las disímiles facetas que ha adoptado este reconocido convento que se convierte, hoy en día, en una de las construcciones más reconocidas de La Habana Vieja.

Texto y Fotos: Redacción Bienvenidos