El mar tiene la capacidad de materializarse ante nosotros con solo desearlo debido a la tranquilidad que asociamos a él. Pero, exactamente, ¿qué hace del mar un lugar en el que encontramos paz mental?

Cuando pensamos en el mar, a nuestra mente llega la imagen de aguas azules, el sonido de olas rompiendo contra la arena y el viento silbando a nuestro alrededor. No hay lugar como la playa para liberar las tensiones del día a día.

No hay lugar como la playa para liberar las tensiones del día a día. Generalmente, nuestras mentes están sobresaturadas de información y estímulos que pueden llegar a ser caóticos y, en estos momentos, no hay mejor vía de escape que sentarse frente a unas aguas azules. Algunos estudios de psicología han concluido que el color azul ayuda a la relajación de la mente, especialmente tras una discusión o un episodio de enfado. Esta es, quizás, una de las razones por las que nos sentimos tan atraídos al azul marino.

Cuando vemos las olas en su ir y venir, con el sonido que las caracteriza al romper contra la orilla, sentimos inmediatamente que la tranquilidad nos inunda. Esta es una de las cualidades que han sido estudiadas por psicólogos con el objetivo de convertir los viajes a la playa o costas en sesiones terapéuticas que sanen a sus pacientes, sin la necesidad inmediata de medicamentos. Las propiedades relajantes del sonido de las olas se utilizan, incluso, en aplicaciones para el sueño. Esto se debe a que promueven las ondas alfas en nuestro cerebro, muestra de un estado de relajación, y estimulan el pensamiento creativo. Impregnarse de este sonido es la mejor manera de olvidar los problemas, al menos por un momento.

Sentarse frente al mar permite que todos nuestros sentidos trabajen. Nos perdemos en la inmensidad del océano, en lo grandioso de su existencia y, según han mostrado algunos estudios, al descansar frente a él nuestro estado mental cambia y solemos ser más generosos y decididos.

La playa, por ejemplo, es un lugar altamente recomendado para realizar ejercicios físicos, que reducen significativamente el estrés. Caminar por la arena es, de por sí, una forma de estimularnos naturalmente. Si a esto añadimos ejercicios de respiración que permitan que el aire marino impregne nuestros pulmones podremos sentir cómo ese peso que nos apretaba el pecho desaparece. Sentirnos bien, descansados y sin estrés mejora nuestro sistema inmunológico pues elimina la depresión y la tensión.

Uno de los principales beneficios de sentarse frente al mar es que, por unos momentos, dejamos de hacer las tantas acciones a las que la vida moderna nos tiene acostumbrado. Aquí, lo único que importa es sentir la arena bajo nuestros pies, escuchar las olas y perdernos en la inmensidad del azul que llega al horizonte.

Luego de un día junto al mar podremos dormir mejor porque nuestros niveles de melatonina, la hormona que interviene en los ciclos de sueño, aumenta. También seremos capaces de tomar esas decisiones que hemos estado pensando durante tanto tiempo pues el estrés desaparece.

Texto y Fotos: Redacción Bienvenidos