En la madrugada de hoy falleció en La Habana uno de los actores más admirado y querido por el pueblo cubano, Enrique Molina, quien deja una fuerte marca en la memoria de la nación pues durante más de 50 años, impactó a la crítica especializada y a la opinión pública con sus extraordinarias interpretaciones y la creíble manera de encarnar diferentes caracteres.

Molina contaba al morir 78 años de edad, y un comunicado oficial del Ministerio de Cultura señala: «Su muerte se produjo a causa de complicaciones derivadas de la Covid-19 y tras permanecer ingresado bajo el cuidado de un equipo multidisciplinario de personal médico que luchó hasta las últimas horas por salvar su vida».

Fue un admirable actor autodidacta, lo cual parece increíble por la profundidad interpretativa que alcanzó con personajes diametralmente opuestos entre sí y de los cuales decía que no se parecían en nada a su real personalidad.

Cubano de pura cepa, hijo ilustre de Santiago de Cuba, donde nació el (31 de octubre de 1943), desde muy joven residía y trabajaba en la capital, y fue siempre reconocido por su humildad, honradez, bondad, talento y entrega.

Fue en la década del 60 del siglo pasado en que se integra al Movimiento de Artistas Aficionados en su ciudad natal; luego comienza en el prestigioso Conjunto Dramático de Oriente y en 1968, al crearse la televisora Tele Rebelde, comienza en el medio que fue, según sus propias palabras, su gran escuela y al que le regaló desde los canales nacionales, momentos gloriosos de la actuación en Cuba.

En teatro siempre se venerará su caracterización de Vladimir Ilich Lenin en la obra El carrillón del Kremlin, considerada una hazaña en este difícil medio.

Su paso por el cine también es vastamente reconocido; entró al séptimo arte en uno de los clásicos del cine cubano: El hombre de Maisinicú, de Manolito Pérez, y desde este momento engrandeció con su estimable aporte a cerca de 15 largometrajes de ficción, entre ellos Caravana, de Rogelio Paris, Hello Hemingway, de Fernando Pérez, Un paraíso bajo las estrellas, de Gerardo Chijona, Barrio Cuba, de Humberto Solás y El Benny, de Jorge Luis Sánchez, en la que tuvo una participación inolvidable.

Muchos fueron los lauros y distinciones que justamente le fueron otorgados en Cuba: Premio Nacional de Televisión, Título honorífico en la Primera edición del Premio Enrique Almirante, Premio ACTUAR por la Obra de la Vida y Artista de Mérito del Instituto Cubano de Radio y Televisión.

Su alta calidad interpretativa fue distinguida, además en dos ediciones del Festival del Gallo de Oro y las Cien Flores de China, al ser seleccionado como Mejor actor extranjero en 2014 y 2016.

Enrique Molina, abandona la vida terrenal, pero es uno de esos actores que se queda para siempre en la memoria y en el corazón, por haber sabido llegar al alma de la gente con cada uno de sus personajes, los que bordaba con toda su emoción y maestría.

Texto: Redacción Bienvenidos

Fotografìa: Tomada de Granma