Siempre es y será tiempo de boleros

Recientemente la Comisión para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, perteneciente al Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, declaró al Bolero como Patrimonio Cultural de la Nación. El pasado 24 de agosto, coincidiendo con la fecha del nacimiento de Luis Marquetti y Benny Moré, dos imprescindibles de la historia de este género en Cuba, la isla acogió la grata noticia con el orgullo de ver reconocido tantos años de invaluable trayectoria de este arraigado género musical.

El Bolero es un género vocal instrumental del cual se tienen noticias desde los años 80 del siglo XIX en la ciudad de Santiago de Cuba, con la obra Tristeza del compositor José (Pepe) Sánchez. Se extendió rápidamente a todo el territorio cubano, convirtiéndose en la expresión poético-musical por excelencia de la cancionística cubana. En sus inicios, se cantó en las casas de los propios autores e intérpretes y en espacios muy populares como peñas informales y serenatas nocturnas.

El alto vuelo poético de sus textos, sumado a la dulzura de sus melodías, convierte al bolero en un género ideal para expresar las pasiones del hombre y la mujer por lo que históricamente ha sido un recurso propicio para enamorar, universalizándose así la aceptación de esta expresión musical. El poder bailar bien pegaditos en parejas, cantar y escuchar hermosas letras acrecentó la popularidad de este género entre el público cubano.

Es una música muy dúctil, capaz de asimilar e influenciar otros estilos y fusionarse con diversos géneros de la música popular como el son, el danzón, el mambo y el chachachá, contribuyendo a su desarrollo y vigencia sin que pierda su esencia. También posee una gran diversidad en lo que a su formato instrumental se refiere y puede ser interpretado a voz y guitarra o piano, solo, trío, por un sexteto o septeto tradicional, una orquesta típica o charanga y hasta por una banda gigante de jazz.

Cuando pensamos en grandes boleros y en sus importantes creadores e intérpretes la lista se actualiza constantemente. Podemos mencionar algunos como por ejemplo Nosotros de Pedro Junco, Como fué de Ernesto Duarte y Plazos traicioneros de Luis Marquetti, ampliamente versionados en todo el mundo. Tienen en común la nostalgia, el recuerdo de un gran amor.

El bolero no solo posee rasgos de identidad musical, sino que cuenta con códigos estéticos y de estilo que determinaron una forma particular de vestir, gesticular y de comportarse signada por la elegancia, para los portadores y practicantes de esta expresión. Ha sido cultivado por una pléyade de ilustres cantautores cubanos de todos los tiempos como Sindo Garay, Manuel Corona, Rosendo Ruiz, Miguel Matamoros, Antonio Machín, Roberto Faz, Rafael Gómez (Teofilito), Oscar Hernández, Osvaldo Fárres, Ibrahím Ferrer, Omara portuondo y Elena Burke, entre otros tantos que integrarían una lista muy amplia.

Igualmente, son muchos los autores que cultivan esta expresión de la canción cubana ya sea en su forma más pura como lo hacen José Loyola, Orlando Vistel, Martha Valdés, Manolo del Valle, Pío Leyva o bien de manera más fusionada como se observa en la obra de cantautores como David Torrens, Kelvis Ochoa, Osdalgia, Leoni Torres, David Álvarez y Paulo Fernádez Gallo.

Desde hace muchos años se desarrollan en Cuba eventos y peñas relacionadas con el bolero como los festivales Boleros de Oro, Federico Sariol, Daniel Cruz, Chany Chelasi, el Coloquio Internacional Boleros de Oro y las diferentes peñas que tienen lugar a lo largo y ancho del país realizadas en las casas de cultura, museos y otras instituciones culturales.

Los boleristas son tanto profesionales como artistas aficionados. Esta expresión ha trascendido las fronteras nacionales y se ha posicionado como un género de preferencia en otras regiones, siendo altamente cultivado y popularizado en países como México, Colombia, República Dominicana y Puerto Rico.

Si usted visita Cuba podrá constatar que cualquier lugar es idóneo para que suene un bolero, ya sean grandes teatros, pequeños auditorios, restaurantes o en la sala de una casa de vecino haciendo su práctica muy accesible a todo el que se sienta atraído por ella.

Le recomendamos si piensa visitar La Habana qué no pierda la oportunidad de acudir a centros culturales como El Gato Tuerto, Dos gardenias, El Hurón Azul de la UNEAC y deleitarse con excelentes intérpretes de este gustado género. Las descargas que allì suceden parecen interminables y muestran la vitalidad del bolero en diversos estilos en un ambiente inigualable.

Hoy, casi dos siglos después de su surgimiento, podemos decir que siempre es y será tiempo de boleros para enamorar y susurrar al oído creando una mágica complicidad.

Por Yurien Heredia Figueras, Musicóloga