Valle Yumurí
Valle Yumurí
Valle Yumurí
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Valle Yumurí
Valle Yumurí

El visitante se detiene, observa sin palabras su esplendor y continua el camino a descubrir qué secretos le revelará la naturaleza de este paraje. Ubicado en las inmediaciones de las provincias Matanzas y Mayabeque, el Valle Yumurí resulta un paisaje cautivador tanto para locales como para viajeros de paso.

Numerosas son sus riquezas naturales pues, atravesada por los ríos Yumurí y Bacunayagua, esta llanura cuenta en su extensión con espacios ideales para una recreación sostenible, en tiempos donde se vuelve imprescindible un respiro lejos de las grandes urbes.

El origen

Habitado en sus márgenes por una tribu taína, antes de la llegada de los colonizadores, abundan en sus áreas los yacimientos arqueológicos que demuestran la presencia aborigen, siglos atrás. Ejemplo de ello es la llamada Cueva del Indio, en cuyo interior pueden admirarse vestigios latentes de la impronta de nuestros primeros pobladores.

Varias son las leyendas que giran en torno al nombre de tan bello paisaje, entre ellas la de un amor prohibido entre la joven nativa Coalina, quien no podía enamorarse, y Nerey, un mozo que, impactado por los relatos sobre la belleza de la muchacha, atravesó parte de la isla en su búsqueda. Cuentan que, al producirse el encuentro entre ambos, pletóricos por el sentimiento que los consumía, la tierra comenzó a temblar, se abrió en dos la montaña y fueron arrastrados ambos amantes al foso creado por la grieta. Así nació el Abra del Yumurí, dos formaciones montañosas en ambas márgenes del río del mismo nombre que muestra cada atardecer un paisaje de ensueño.

Otra de las hipótesis parte del grito lanzado por los taínos cuando se arrojaban al vacío desde los peñascos propios de la zona para evitar ser sometidos por los colonizadores hispánicos. En ese momento gritaban al viento el vocablo “yumurí” (yu-murí), que semeja la frase en castellano “yo muero”, escuchada a sus captores españoles. Esta suele ser la teoría más acertada, aunque otra leyenda asegura que en las noches de tranquilidad se puede oír al río silbar: “¡Nerey!… ¡Coalina!… ¡Nerey!… ¡Coalina!” ¿Lo cree usted?

El paisaje

Los colores del Yumurí parecen salidos del pincel de un gran paisajista, pues la perfección de sus combinaciones no suele ser asociada a creaciones naturales. Con una extensión total de 9 666 hectáreas, guarda entre sus joyas el Melocactus matanzanus una variedad de cactus endémica de esta región, siendo el Valle el territorio donde único se registra su aparición.

Con elevaciones que alcanzan hasta los 150 metros, el paraje resulta ideal para quienes eligen el senderismo como método de esparcimiento. También la vegetación resulta especialmente atrayente, siendo espacio ideal para la observación de aves migratorias que utilizan este sitio como lugar de paso o de reproducción.

Recorrido en gran parte de su extensión por el conocido tren de Hershey -único ferrocarril eléctrico en funcionamiento en Cuba-, las rutas que lo transitan son seguras y poco transitadas, condiciones idóneas para ciclistas que gusten de practicar mountain bike o simplemente un paseo en bicicleta con amigos, dada la topografía del terreno.

De Bacunayagua a Monserrate, el Valle

El Mirador de Bacunayagua es el punto por excelencia para observar la magnificencia del Yumurí. Situado en una de las riveras del río que le da nombre y guardián del Puente de Bacunayagua (una de las Maravillas de la Ingeniería cubana y el más alto del país), es parada obligatoria para quien busca descubrir la isla y sus encantos.

A la izquierda el mar y a la derecha el valle, quien viene de camino de la capital no tiene más que respirar y observar cómo, ante su mirada, todo parece rendirse ante la naturaleza. Unidas sus dos partes por el imponente viaducto, tenemos ante nuestros ojos una imagen digna de ser observada personalmente al menos una vez en la vida.

Monserrate, por su parte, es muestra del legado hispánico en la ciudad de Matanzas. La Ermita a Nuestra Señora de Monserrat fue edificada por descendientes de catalanes asentados en la zona, sobre una elevación que se antoja contraparte de Bacunayagua pues, desde su ubicación, puede ser observado el resto del Valle. Dueño de una visión panorámica, urbe y naturaleza se funden ante los ojos del visitante que puede observar cuánto de majestuoso posee esta riqueza natural. El Valle Yumurí es más que un valle, es un sitio de visita obligatoria si usted desea ver los colores y la diversidad paisajística de una isla en su propia esencia.

Textos y fotos: Bienvenidos