Los cayos de Cuba: El viejo y el mar
Los cayos de Cuba: El viejo y el mar
Los cayos de Cuba: El viejo y el mar
Los cayos de Cuba: El viejo y el mar
Los cayos de Cuba: El viejo y el mar
Los cayos de Cuba: El viejo y el mar
Los cayos de Cuba: El viejo y el mar

Cuando Ernest Hemingway relataba en Adiós a las armas sus avatares durante la Primera Guerra Mundial a través de Frederick Henry, poco podría imaginar que varias décadas después tendría de nuevo un “enemigo” similar, que no iría a cazar submarinos en su yate y mucho menos que navegaría en los cayos del Norte de la provincia de Ciego de Ávila en Cuba.

Fue esa zona una de las preferidas por el Premio Nobel de Literatura para salir en sus largas sesiones de pesca en altamar y, según cuenta la historiografía, llegada la Segunda Guerra Mundial, también perseguir submarinos nazis que merodeaban la zona en busca de cargueros solitarios -presas fáciles de sus embestidas- se convirtió en uno de sus hobbies.

Las Islas del Golfo

«Es maravilloso –describió- despertar por las mañanas y navegar con el sol detrás, avanzar por el canal con el ojo alerta y dirigirse a la línea de cayos verdes», dejaba plasmado el también ganador del Premio Pulitzer en su novela Islas del Golfo, un texto surgido por su fascinación con los cayos situados en la región Jardines del Rey.

Este grupo de cayos de la zona centro-oriental del archipiélago cubano adquiere su nombre durante la colonización española cuando Diego Velázquez, en uno de sus viajes, los divisó por vez primera. Tan impresionado quedó el conquistador ante la exuberante vegetación y sus hermosas playas que decidió otorgarles el título de Jardines del Rey, en honor a Fernando el Católico, regente de España por aquel entonces.

Entre las formaciones geográficas más representativas por su extensión y condiciones de hábitat para la flora y fauna aparecen Cayo Coco, Santa María, Guillermo y Romano, muchos de ellos unidos a la isla grande de Cuba por un sistema de carreteras, lo que facilita el acceso a los visitantes.

Una extensa red de hoteles, así como aeropuertos, marinas y pequeñas poblaciones construidas con fines turísticos hacen de esta una de las regiones con mayor aceptación por parte de nacionales y extranjeros, quienes pueden disfrutar de un sitio ideal para el descanso, mezclando la realidad y los sueños, mientras descubre un Caribe plagado de leyendas e historia.

El viejo y el mar

Fueron Media Luna y Cayo Guillermo dos de los espacios que más cautivaron a Hemingway, quien los describió en sus relatos como sitios paradisíacos, llenos de especies de reptiles, anfibios y abundante variedad de peces. Se dice que muchos de estos cayuelos eran frecuentados por corsarios y piratas en busca de abastecimientos o descanso y no son pocas las historias que hablan de tesoros sumergidos en sus aguas.

Con una extensión de solo 13,7 hectáreas y una altitud máxima de tres metros sobre el nivel del mar, Cayo Media Luna -situado frente a Cayo Guillermo- tiene entre sus principales atractivos un museo marino, resultado de los muchos naufragios sucedidos en la zona producto de la barrera coralina que la rodea, una de las más grandes y hermosas de la región del Caribe.

«Sabía que había un barco hundido en el extremo occidental del cayo, pero con la marea alta solo se veía un bulto marrón rojizo…Había un barco y una playa arenosa en el interior del cayo, pero no vería la playa hasta que le diera la vuelta al barco hundido». Así nos sitúa Hemingway en esta pequeña porción de tierra ubicada entre la inmensidad azul, a la que se puede acceder hoy día mediante excursiones en catamaranes para disfrutar de sesiones de buceo y pasadías en playas paradisiacas.

Cayo Guillermo es imponente al visitante cuando se llega desde tierra o mar. Con trece kilómetros cuadrados sobresale por su vegetación natural y una flora y fauna que conviven a la perfección con una planta hotelera que aparece registrada entre las más importantes del país.

«Es un escollo coralino que apenas sale del agua», resumía el autor de El viejo y mar, considerado por muchos el segundo descubridor de esta espléndida zona norte de Cuba, refiriéndose a Cayo Guillermo, por su llanura visible desde el horizonte.

Dentro de seis kilómetros de playas de ensueño resalta en el entorno Playa Pilar, nombrada así por el yate con el cual Hemingway cruzara estas aguas y que con quince metros sobre el nivel del mar es la duna de arena más alta del Caribe y uno de los más bellos balnearios del mundo.

El legado de Ernest Hemingway es palpable a cada paso del viajero en su visita a esta zona. Atracciones temáticas, esculturas e historias de las peripecias del intrépido aventurero norteamericano serán parte de una experiencia que reverencia al amante del daiquirí cubano, quien alguna vez sentenció: «En Guillermo. Allí estaría yo».

Textos y fotos: Bienvenidos