Descubriendo la Plaza Vieja de La Habana
Descubriendo la Plaza Vieja de La Habana
Descubriendo la Plaza Vieja de La Habana
Descubriendo la Plaza Vieja de La Habana
Descubriendo la Plaza Vieja de La Habana

Ecléctica y llena de vida, en el centro histórico habanero, La Plaza Vieja regala a los visitantes una experiencia que sorprende, satisface y eleva los sentidos.

Diseñada en el año 1559 y catalogada en aquel entonces como Plaza Nueva, fue escenario de pregones, celebraciones y mercados. Hoy es espacio de encuentro y sede de tiendas, restaurantes, cafés, bares, casas de hospedaje y lugares de interés turístico. Reúne sitios que, en su variedad, hacen del paseo, un auténtico descubrimiento.

En este sentido, resalta la Cámara Oscura, situada en una maravillosa y elevada construcción, en una de las esquinas de la plaza. Desde las alturas, invita a los curiosos a un extraordinario recorrido guiado por la parte antigua de la ciudad y su historia, mediante un dispositivo óptico que, en tiempo real, permite apreciar las más impresionantes vistas reflejadas en una gran pantalla cóncava.

Asimismo, un Planetario promete un espectacular e instructivo viaje al cosmos en 45 minutos. El sistema solar reconstruido con los planetas a escala, millones de estrellas y el descubrimiento del universo desde su génesis, se fusionan en un espectáculo que impacta y estremece ante la imperante cercanía a un infinito espacio estelar, en constante movimiento.

Para los amantes del buen café, “El Escorial” deleita con una amplia variedad de esta infusión. Aquí la combinación del seductor aroma, su intenso sabor en consonancia con los diversos ingredientes a gusto del consumidor y el armónico ambiente del popular sitio, lo convierten en una estancia obligada para disfrutar del adictivo y revitalizador cafecito cubano.

De igual forma, exquisita comida de varias partes del mundo, así como refrescantes bebidas aguardan a quienes la recorren, pues podrán disfrutar de las distintas ofertas desde acogedores espacios interiores, pintorescos balcones o mesas al aire libre. Gran parte de la magia de esta locación, emana de los grupos de personas que la toman como motivo de intercambio. Visitantes, en la más amplia heterogeneidad, se congregan en los diferentes puntos para disfrutar, entre extensa charlas y risas, de la buena gastronomía. Llegar y encontrarse esta peculiar escena, dibuja una inevitable sonrisa y es una inyección de felicidad para el alma.

Si de arte culinario se trata, destaca La Vitrola, con un excelente servicio y deliciosos platos de la cocina cubana e internacional. El restaurante, musicalísimo y con su atractiva decoración estilo vintage, promete un acogedor entorno de vitrolas, bicicletas, paredes colmadas de imágenes y letreros que evocan tiempos pasados. 

Por su parte, una factoría de maltas y cervezas constituye la excusa ideal para hacer una parada y refrescar del caluroso clima de la isla caribeña. La singularidad de estos productos artesanales son una caricia al paladar, tanto desde el interior del local como en su espacio abierto vivenciando el acontecer de la plaza.

El contacto directo con la cultura y la historia tiene lugar, igualmente, en esta vetusta zona. La Fototeca de Cuba, por ejemplo, posee un importante patrimonio fotográfico cubano e internacional de más de 170 años que muestra, mediante las exposiciones en sus galerías, emblemáticos momentos de los siglos XIX y XX.

El Museo de Naipes es otro fascinante paseo por el pasado, esta vez contado por las colecciones de barajas, naipes y postales que desde lustrosos estantes reflejan el arte y las costumbres de los pueblos que le dieron origen. El Centro de Arte La Casona, con su encanto antiquísimo y colonial, revela en sus galerías, lo mejor de las artes plásticas del país y sus principales artífices.

Imponentes esculturas embellecen el área y se tornan epicentro de admiración y cómplices de disímiles fotografías. En mitad de la plaza, se erige una monumental fuente del blanco y vistoso mármol de carrara, reconstruida a semejanza de la instituida en piedra en el siglo XVIII. La mezcla de su belleza con el entramado de luces y la caída del agua, cautiva a los transeúntes. 

Destaca a su vez, la singular obra en bronce del Premio Nacional de Artes Plásticas, Roberto Fabelo, que muestra una mujer encima de un gallo, portando un tenedor como lanza. Asimismo, la pieza escultórica “Natura”, de Juan Quintanilla, hermosa y colosal flor confeccionada en mármol y acero inoxidable que, en su forma tridimensional, alcanza casi 10 metros de altura.

La Plaza Vieja acoge construcciones que datan de los siglos XVII, XVIII, XIX e inicios del XX. Su belleza arquitectónica revela curiosas historias, apreciarla resulta impactante, dada la confluencia del Barroco cubano con el Art Nouveau y el Modernismo, este último proveniente de las restauraciones a lo largo de los años. Andar sobre sus adoquines de piedra es una evocación a siglos pasados, que despierta la sensación de pasear en una leyenda.

En el llamativo y colorido paraje, no faltan nunca la música y las risas. Niños, parejas, familias y aquellos que apuestan por los paseos en solitario, encuentran aquí un entorno mágico de disfrute y desconexión.

El recorrido suele tornarse insospechado, es común toparse con demostraciones de practicantes de capoeira, tarotistas que develan el futuro, creativos pregoneros o la oportunidad de lucir estilosas trenzas en el cabello.

El encanto de su historicidad es irresistible. La calidez de la luz cuando atardece junto a la alegría del enclave y el sonido del agua desde su majestuosa fuente, fascina a los viajeros. Visitar el enigmático y seductor espacio es sinónimo de encantamiento imperecedero y sensaciones inolvidables. La experiencia supone, sin dudas, el fuerte deseo de querer regresar.

Textos y fotos: Bienvenidos