Hemingway y Cuba
Hemingway y Cuba
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Hemingway y Cuba

La primera vez que Hemingway visitó La Habana fue algo eventual. Estaba por cumplir 29 años y el vapor inglés en el que viajaba con su esposa Pauline Pfeiffer, con destino a Key West, hizo una breve escala en el puerto de La Habana. Comenzaba la primavera del año 1928, era primero de abril -hace justamente 94 años-. La estancia fue efímera y en medio de sus deseos por llegar al puerto de destino, nunca imaginó que esta isla le atraparía el alma.

Un año después, su pasión por la pesca en mar abierto lo llevó hasta aguas cubanas para capturar peces de gran porte que abundan en mares tropicales, especialmente en la corriente del golfo. Y así, como cuando el mar acaricia la orilla de una playa y se integra, de a poco a la arena que humedece, Ernest Hemingway se enamoró de este archipiélago.

Desde entonces, la isla grande de Cuba, algunos espacios de La Habana y varios de sus cayos, fueron para el escritor constantes inspiraciones, por lo que muchos quedaron cautivos en sus novelas. Aquel hombre, que una vez se autodefinió como un cubano común, vivió aquí por más de 20 años. Sea usted bienvenido a recorrer la sugestiva ruta que vincula al Premio Nobel de Literatura 1954, con algunos lugares en Cuba.

Vida bohemia

En su primera etapa en la isla vivió en el hotel Ambos Mundos, ubicado en La Habana Vieja. Su habitación, la 511 del acogedor establecimiento, aun se conserva tal cual la dejó el famoso escritor y constantemente, es visitada por cubanos y extranjeros que sienten curiosidad por acercarse a un espacio netamente hemingwayano.

Su estancia en la capital cubana fue muy activa y uno de los sitios que quedó prendido a su vida, para siempre, fue el Floridita. Allí hizo amigos y también creó un trago con su nombre, el Papa Doble o Hemingway Special, una variante del Daiquirí, que se prepara a base de ron blanco cubano, limón, hierba buena y azúcar. En su versión, el novelista eliminó el azúcar y aumentó la porción de ron, con el fin de hacerlo más fuerte. El Daiquirí, el Papa Doble y la leyenda viven en el Floridita junto a su escultura en bronce, recostada de la barra, con su Daiquirí siempre recién preparado. Es por ello que este es un lugar muy especial para brindar en La Habana y muchos lo hacen, incluso, a su memoria.

El mar de Cuba en Hemingway

Atravesando el túnel de la Ciudad Maravilla, a tan solo veinte minutos en auto, está Cojímar, un pequeño y antiguo poblado de pescadores vinculado a una de las más conocidas novelas del famoso escritor: El viejo y el mar. En Cojímar, atracaba su yate Pilar y allí compartía con los marineros de la zona, fue así que conoció a Gregorio Fuentes, quien fuera el timonel de su yate hasta que se marchara definitivamente de Cuba. En este lugar, cercano al mar, está ubicado el restaurante bar La Terraza, especializado en mariscos y pescados, donde tantas veces disfrutó de encuentros, comidas y agradables veladas.

Otro de los sitios que hizo sucumbir al autor de “Islas en el Golfo”, fue la cayería norte del centro de la isla. Los cayos Coco, Guillermo y Romano, fueron para él un paraíso en la tierra, sus bondades naturales y la belleza de su entorno le calaron hondo. Actualmente, estos extraordinarios islotes se han convertido en uno de los destinos de sol y playa más concurridos de la isla antillana.

Su afinidad por el mar lo llevó a visitar asiduamente, la dársena de Barlovento, al oeste de la capital, lugar que acoge desde hace décadas, a la marina más importante del país: Marina Hemingway, reconocida mundialmente por ser sede de notorios eventos de pesca y, además, un puerto libre y seguro en el Caribe, donde atracar, permanecer y poder avituallarse. En esta marina se organiza, con mucho éxito, desde 1950, el Torneo Internacional de la Pesca de la Aguja “Ernest Hemingway”.

Finca Vigía

Fue la residencia permanente de Ernest Hemingway en La Habana. En ella vivió hasta 1960 y allí escribió muchas de sus más conocidas obras. Ubicada en una colina de San Francisco de Paula, en la periferia habanera, esta hermosa casa, llena de leyendas y valiosos recuerdos, es uno de los museos más visitados de la ciudad.

Sin lugar a dudas, Hemingway marcó lugares asombrosos en la mayor de las Antillas. Hoy en día, todos estos sitios que de alguna manera convergieron con su vida, son ideales para hacer turismo pues, tienen ese toque mágico que enamoran al viajero ávido de aventura, historia y satisfacción.

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