La Ermita de Monserrate, un legado Catalán
La Ermita de Monserrate, un legado Catalán
La Ermita de Monserrate, un legado Catalán
La Ermita de Monserrate, un legado Catalán
La Ermita de Monserrate, un legado Catalán

La historia de una civilización, un país o de una ciudad puede ser contada a través de sus lugares. Los edificios que las componen son la muestra fehaciente de que el tiempo puede ser implacable, pero la huella que dejan estos espacios quedará marcada para siempre en la memoria de los hombres para recordarnos quiénes fuimos o para mostrarnos hacia dónde vamos.

Vigilante sobre la ciudad de Matanzas, protectora del umbral entre la naturaleza y el hombre, la Ermita de Nuestra Señora de Monserrate recuerda a todo aquel que a ella acude que la memoria histórica de un pueblo va más allá de las historias contadas.

La Ermita

Aprobada su construcción en el año 1872 por la Junta Directiva de la Ciudad de Matanzas y finalizada en 1874, la edificación eclesiástica quedó ubicada en una de las alturas más connotadas de la ciudad perteneciente por aquel entonces a la familia Simpson. Sí, los mismos cuyos dominios le dan nombre al primer danzón, Las Alturas de Simpson, nombrado a la postre como baile nacional.

La estructura contó con el apoyo financiero de varias de las familias más acaudaladas de la ciudad y de los colonos de origen catalán, quienes establecerían allí un altar a su santa patrona: la Virgen de Monserrate.

Ya finalizada la obra arquitectónica, no fue hasta 1875 que se trasladó hacia allí la imagen de la Patrona de Cataluña, obra del escultor Don Juan Roig y Soler y reconocida por especialistas y visitantes como una verdadera obra de arte. A partir de ese momento La Morenata, como se le conoce también, vigila y protege la Ciudad de Los Puentes.

El Peñón del Yumurí

No son pocas las historias y leyendas que encierran el área donde está enclavada la edificación, reconocida como uno de los mejores ejemplos de la arquitectura oratoria española en Cuba durante el siglo XIX.

Por su ubicación geográfica en una las laderas de El Abra del Yumurí, la altura hace recordar la montaña de Monserrate en la lejana Cataluña, debido las formaciones de rocas calizas y furnias que le dan un aspecto riesgoso, para evocar así a la mítica Virgen de Monserrat.

Desde su privilegiada posición aparece ante el visitante el imponente Valle del Yumurí, con su río, sus caminos y su verdor a un lado, mientras que al otro se asoma la Atenas de Cuba (Matanzas), fundada en 1693, que con su majestuosa bahía y urbanización colonial deleitan a quien llega hasta sus lares.

La Colla

La Ermita de Monserrate es más que una edificación, es tal vez el lugar donde descansa la huella más profunda de la presencia catalana en la isla. Un ejemplo de ello resulta la fiesta de La Colla. Desde su inauguración, el 8 de diciembre de 1875, daría inicio a una de las tradiciones culturales de origen español más famosas en el país y que perdura hasta nuestros días.

Con antecedentes que se remontan hasta 1871 cuando ya se realizaban en la urbe yumurina fiestas populares con motivo de la unión de todas las provincias españolas, no fue hasta la inauguración de la Ermita que pasaron a rendir homenaje a la Virgen de Monserrate a partir de la constitución de la Colla, una agrupación integrada por colonos catalanes encargada de organizar la festividad.

La primera aparición organizada surge en 1887 donde, impulsados por dicha sociedad, los habitantes de la ciudad acuden todos, sin distinción de región de origen o clase social, a las alturas de la ermita a disfrutar de los platillos que ofrecían los catalanes. Según cuentan los cronistas de la época, llegaron a reunirse en el lugar más de cinco mil personas.

En la actualidad y luego de varios periodos de interrupción, la Fiesta de La Colla se sigue celebrando cada 8 de diciembre por los catalanes y sus descendientes que radican en la isla y que, acompañados de los matanceros, elaboran y trasladan un pan gigante hasta las inmediaciones de la Ermita donde es disfrutado por los presentes.

Un espacio para todos

La Ermita resulta un destino ideal para el viajero. Las vistas de la ciudad, el reencuentro con las raíces hispanas de una isla que no deja de asombrar y la tranquilidad en sus áreas resultan un atrayente significativo para todo aquel que busque un poco de paz.

Varias instalaciones gastronómicas, así como espacios ideados para días de camping pueden facilitar la estancia, haciendo del lugar el remanso perfecto para relajarse a la vista del mar, la ciudad y su valle. Su acceso es fácil y si decide caminar hasta ahí descubrirá el entorno único que rodea la estructura.

Cuenta la leyenda que si sube hasta el tejado y suena su campana sus deseos se cumplirán pues la Virgen de Monserrate estará con usted, ¿será verdad? Puede probarlo usted mismo mientras disfruta de una vista que jamás olvidará.

Textos y fotos: Bienvenidos